Los Beatles tocaron juntos por última vez cuando mi hijo no había nacido, tampoco yo. He oído hablar tanto de ellos que, a veces, es como si fueran uno de esos cuentos que pasan de padres a hijos, de abuelos a nietos. En esta Noche de Reyes distinta a todas las demás, me gustaría, simplemente, no sentirme tan solo.
Una Noche de Reyes sin Reyes. Al menos, en este 5 de enero, tengo a los Beatles. Su documental Get Back (Disney+). Esta noche, sin más qué hacer que maldecir la Navidad y la mala suerte, voy a verlo entero del tirón. Siete horas con los Beatles.
Pensé que los Beatles podían ser el único tema en este averiado planeta sobre el que todos pudiesen estar a favor, pero este documental de Peter Jackson ha demostrado que no. También hay que estar a favor o en contra. Ok. Pues yo solo puedo estar a favor.
A favor del documentalazo de los Beatles. Una cosa es clara: si eres músico y estás en contra de este documental, entonces, amigo, no eres músico. Con un solo visionado, uno ya se da cuenta de que Get Back es un regalo para cualquiera que alguna vez haya intentado expresarse con unos acordes. Que los Beatles tuviesen este regalo guardado en un baúl mágico que abrimos ahora, medio siglo después, es una fantasía para la música. Es la Noche de Reyes y necesito creer en las fantasías.
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Quiero creer que me he colado con los Beatles y toda esa gente en los Twickenham Studios. De hecho, me he colado. Es fácil sentirlo así cuando ves cada detalle de sus caras: sonrisas, miradas, cejas elevadas, palabras masticadas… ¿Se puede ser más molón que ellos vistiendo? Digo no, con esos abrigos de piel y esos looks que son ahora más modernos que todos nosotros en el siglo XXI.
No es casualidad que el documental se llame Get Back. Es un homenaje a Paul. Tiene que serlo por parte de Peter Jackson. El momento en el que Paul, con su jersey amarillo, saca la canción de Get Back, con Lennon “llegando tarde”, Harrison bostezando, Ringo con cara de sobado y otros a lo suyo, es un gran momento visto de cerca, vivido en tiempo real.
Sin duda. Es como tener la llave al laboratorio extraordinario de los Beatles. De forma exclusiva. Es un momento que además ilustra que Paul McCartney era la figura capital de los Beatles en 1969, cuando el grupo era la mayor cima musical del pop mundial.
Es el verdadero líder de la banda y, aún con todo, no sirvió de nada. Una de las razones primeras de esta separación tan famosa fue la muerte de Brian Epstein, manager del grupo. El documental arranca ahí, sin Epstein ya. Arranca, por tanto, anunciando el final. Por eso, en mitad de las grietas, Paul luego reclama en los estudios televisivos “una figura paternal”. Los Beatles necesitaban de esa figura, como una pandilla de chavales, como una gran empresa creativa equilibrada por un padre. Sin padre, the kids are not all right. Los niños se pierden. Eso, afirmo, fue mucho más definitivo que la aparición de Yoko Ono.
Yoko Ono aparece y desaparece como un fantasma. Creo que Peter Jackson ha querido joder un poco con la famosa monserga de que “la culpa de todo la tiene Yoko Ono”. Cualquier beatlemaníaco sabe que no es verdad. El grupo ya estaba dividido por muchos más factores, entre ellos la falta de Brian Epstein. El director podría haber montado esta primera parte de una forma en la que no se notase tanto que Yoko era como un espectro apareciendo por capricho, pero no ha querido.
Seamos claros: Get Back, como documento histórico, ya solo es valioso porque nos demuestra tajantemente lo que significaba la presencia de Yoko en unos Beatles con fisuras. Un ser que se pega a su prometido como un percebe a una roca. Sabíamos que Yoko había estado dentro del grupo, pero nunca lo habíamos visto.

Está claro que John estaba incordiando al resto y, sobre todo, a Paul con esta decisión. ¿Qué sentido tenía? Podría estar enamoradísimo de Yoko, pero el amor, artefacto perfecto para comportarte como un gilipollas, no tiene nada que ver con tocar a dos manos los bemoles al resto de tus amigos. Se ve claro: a John ya no le importan los Beatles como antes.
¡Y, caramba, Paul, resulta cómico! Lo estoy viendo. Estoy viendo cómo os estáis separando, observo tu desesperación y a Ringo, poco antes, diciendo que no le gustan los Hare Krishna que ha traído George. ¡¿A quién narices le gusta un Hare Krishna?!
Get Back nos muestra con todo lujo de detalles cómo menguaba la banda más grande la historia. Las grietas que llevaron a la demolición. Lennon llegaba tarde siempre a los ensayos y no está cuando se habla de comprar catálogos de canciones con Apple Corps, la compañía de la banda. Incluso, en esta noche solitaria, me atrevo a decir que en los primeros días en Twickenham Studios llegaba colocado.
A las dos horas de metraje, George se cabrea y se tensan todos, menos Yoko, que parece siempre estar en su galaxia particular.

El cuarto beatle, el último en llegar a la banda en sustitución del baterista Pete Best, siempre mira a los otros tres sin abrir la boca. Ringo Starr, el pegamento, o el corazón del grupo, como le llamaban los otros tres.
No tengo un beatle favorito. No puedo tenerlo. Mucho menos en esta noche. Tener un beatle favorito es como obligarme a disparar en un pie. ¿Quién lo ha dicho? ¿Acaso Dios? Dios no existe y, si existe, los Beatles son más grande que él. Y que Jesucristo, claro que sí, John. Han pasado varias horas ya y parece que llevo media vida con ellos. Creo que ya he querido a cada uno de los cuatro por separado, pero también los he odiado. Como la vida misma.
Son los Beatles y me encanta cómo juegan con las canciones. Si amas la música, este documental es una sorpresa constante. Mola tanto ver cómo calientan con las canciones de otros… Es una de las grandes maravillas de este documento: siempre hay buen rollo cuando se ponen a recuperar canciones de sus comienzos como músicos. Esas composiciones que aprendieron con la ilusión de convertirse en músicos de verdad. Suenan canciones del mejor legado afroamericano. Saco papel y boli y apunto, aunque solo sea para hacerme mi propia playlist: Save the Last Dance for Me, Blue Suede Shoes, Kansas City, Shaka, Rattle and Shout… Música vibrante, inocente, pasional. Se miran, se ríen, se buscan con los instrumentos… ¡Maldita sea, son los Beatles en estado puro! Quizá la lectura más interesante de este documental es ver en tiempo real las fricciones del grupo, pero para mí no. Esta Noche de Reyes no. En esta noche fría, lo mejor es la diversión con la música. Esa es la clave. Se ha hablado poco de lo que se divierten. Hay tensiones, discrepancias y un futuro a punto de llegar a su fin, pero todavía se divierten. Hay algo extraordinario que les conecta con la música. Algo muy extraordinario. Apuesto a que pones unas cámaras en miles de bandas que llevan el mismo tiempo que ellos y que tuvieron o tienen mucha menos presión y éxito y no encuentras tan buen rollo cuando tocan. Bandas comportándose mucho más cretinamente entre ellos, con más silencios, tensión y enfrentamientos. Con menos amistad. Tocan Help y se mofan del primer día que Ringo tocó la batería y solo se fijaba en tantas mujeres entre el público. Son amigos amándose y odiándose, como yo a ellos. Amigos que solo están cansados de su gran historia. De sí mismos quizá. Amigos de los que se espera todo y ellos se mofan de todo, leyendo la prensa y riéndose de su transcendencia, de su impacto, de ser Beatles.
Barajan también incluir a Billy Preston como quinto beatle oficial. Billy es un máquina, un pianista exquisito y de nervio formidable. Aparece en esas grabaciones y aporta su toque, el toque negro que ningún beatle puede aportar, aunque lo admiren con toda el alma.

Al final, son simplemente los Beatles. Y ya sabemos cómo acaba la historia: como un cuento. Su último concierto es en la azotea del edificio de los estudios de grabación de Apple Corps. Es todo improvisado.
Todos los empleados de Apple Corps se burlan de ellos con las cámaras en las narices. Se hacen los locos, tardan en darles respuesta, buscan a alguien que nunca llega… y, mientras, los Beatles están dando su última actuación en una azotea de Londres.
Va amaneciendo. Han pasado algo más de siete horas. Exactamente, 468 minutos. Sigo en el salón. Dicen que los Reyes Magos son los padres, aunque puede que no. Hoy, esta noche, los Reyes Magos han sido los Beatles.
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