Donald Trump ha vuelto. El expresidente ha hecho una primera aparición pública combativa para arrancar 2022, el año de las elecciones intermedias. Para mostrar músculo eligió Arizona, un Estado republicano que perdió por poco más de 10.000 votos ante Joe Biden en 2020. Un año y algo más después, ha pintado un sombrío panorama del país que gobernó de polémica a polémica por cuatro años: “Se está yendo al infierno. Es un desastre. Tenemos que ser fuertes y recuperar nuestro país y nuestro futuro”, aseguró Trump ante una multitudinaria audiencia de decenas de miles de personas en un evento que ha dejado claro que la batalla por 2024 ya ha comenzado.
“Pocos imaginaron que [Biden] sería tal desastre”, ha afirmado Trump, quien subió al escenario con una gorra roja calada para evitar que los fuertes vientos del desierto lo despeinaran frente a las cámaras. “La inflación es la peor en 40 años. Las tiendas están vacías, no hay mercancías… las calles de las ciudades demócratas están llenas de sangre y homicidios, hay cuatro veces más casos de covid que antes”, enlistó en un discurso que se extendió por más de hora y media y que inició con una marcha fúnebre y un enorme mensaje en las pantallas: Joe Biden es un completo fracaso. También criticó al actual Gobierno por la “persecución” de quienes participaron en el asalto al Capitolio, en enero del año pasado. “Prisioneros políticos”, llamó el exmandatario a los detenidos tras los hechos en los que murieron cinco personas.
El trumpismo, que ha utilizado la ira como combustible desde 2016, explota ahora las debilidades de Biden. Las decenas de miles presentes se rieron a carcajadas, escasos minutos antes de que Trump tomara el templete, de un montaje de pifias del presidente. Desde sus tropiezos subiendo escaleras hasta sus olvidos de los discursos. Los simpatizantes aderezaron los discursos de los oradores con el “Let’s go, Brandon” (Vamos, Brandon), en un insulto en clave para el presidente. El lema Fuck Joe Biden (Jódete, Joe Biden) está por todos lados. “Bolsa de cadáver Biden”, lo llamó un senador local sobre el escenario.
“[Biden] Ha humillado a nuestro país. Putin está jugando con nosotros. Ya no nos respetan Rusia ni China. Ya no nos temen”, afirmó Trump, quien aún no confirma con claridad que volverá a presentarse a las presidenciales y deja todo entre líneas. “Lo más fácil sería seguir con mi vida. Competí dos veces y gané dos veces…”, sugirió en un momento antes de divagar en otro tema.
El circo de Trump causó conmoción en Arizona. Su primer mitin de 2022 provocó un embotellamiento de varios kilómetros en Florence, una ciudad al sureste de Phoenix, la capital del Estado, que vio llegar de varias partes del país a miles de trumpistas. Victor, 64 años, voló desde Las Vegas la noche del viernes. Usaba la típica gorra roja de Make America Great Again (Hagamos nuevamente grande a Estados Unidos), pero la suya tenía un autógrafo en la visera. “Me la firmó en 2019 Don Jr. (el hijo de Trump)”, afirma el hombre, quien dice que hará lo posible por hacer que Trump vuelva a la Casa Blanca. “Él va a limpiar todo este desastre”, señala. Todo comienza, en sus palabras, con “recuperar la Cámara de Representantes y el Senado” en los comicios del 8 de noviembre.
“Necesitamos una victoria aplastante. Una victoria que los demócratas no puedan robarse”, ha dicho Trump a sus fieles. La narrativa del fraude le ha creado una paradoja con la que ahora debe lidiar. Después de más de un año de socavar la confianza en el sistema electoral, un periodo donde no ha admitido su derrota, ahora necesita del sistema para hacerse del control del Congreso. Esto ha comenzado en algunos matices de su discurso. “Deben salir a la calle y votar”, repitió el expresidente en varias ocasiones.
“Si quieren una elección segura debemos tener dos cosas: votación el mismo día de la elección y boletas de papel”, aseguró. Los republicanos han promovido en los Estados que gobiernan, entre ellos Arizona, reformas para hacer más difícil votar por correo, algo que los trumpistas consideran un instrumento del fraude. Esto a pesar de que no existe una sola evidencia de irregularidades en esta entidad según han arrojado varias auditorías, un recuento de los votos validados por los dos partidos, una decena de fallos en los tribunales, una certificación de agencias de seguridad, el visto bueno del fiscal general del propio Trump, Bill Barr, el fiscal de Arizona y otras autoridades locales.
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