Hace de esto muchos años, cerca de 50, entrevisté a James Baldwin para la revista Primera Plana de Buenos Aires; cuando leí el artículo casi me muero de vergüenza. Me prometí a mí mismo no entrevistar nunca más a ningún escritor del que no hubiera leído algo, como había hecho irresponsablemente con Baldwin. Y, en castigo, decidí leer las obras completas —novelas y ensayos— de este escritor norteamericano. De este modo, conseguí leer a uno de los mejores escritores de Estados Unidos —un crítico feroz de su país—, al que no pongo a la altura de Faulkner, ni acaso de Hemingway, sino inmediatamente después, entre los grandes narradores y críticos que, además de aquellos, ha producido esa tierra. Fue un crítico acerbo de su propia sociedad, sobre todo en función del “problema negro”, y vivió muchos años en Francia, pero estaba obsesionado con aquel tema, pues en todos esos años de exilio siguió escribiendo sobre su país. Creo que su mejor novela es Another country, situada en Nueva York, donde se describe con mucho talento una relación amorosa entre una negra y un blanco, que el narrador de la novela favorece. Esta semana, que estuve en Miami, compré en la librería de Books & Books una nueva edición de Notes of a native son, que apareció por primera vez en 1955. Este libro me llevó a averiguar si había en Estados Unidos una asociación de matrimonios interraciales y existían por lo menos dos, que tenían a muchas parejas de miembros.
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