Aquellos que conocen de cerca a Djokovic le describen como un hombre generoso y empático, permeable para enriquecerse y predispuesto a escuchar, pero también como alguien tan fiel consigo mismo y a su ideario que es muy difícil que pueda dar su brazo a torcer. Es decir, la posibilidad de que rectifique y decida aceptar la vacunación es más bien remota, por lo que su rumbo adquiere un asterisco y su pugna a tres bandas por ser el tenista más laureado de todos los tiempos queda en entredicho. Sin la inyección, la hoja de ruta del serbio perderá al menos dos puntos francos (Melbourne y Nueva York) y la gran carrera histórica sufrirá un desequilibrio, en tanto que el balcánico deberá rediseñar su calendario y competir a otro ritmo.
“La decisión del juez puede cambiar la historia del tenis”, apostillaba el sueco Mats Wilander. “Su carrera está en juego y es posible que tenga que hacer algo que no quiere. Era el gran favorito y tenía una gran oportunidad de ponerse por delante de Roger y Rafa, pero creo que la decisión es justa. Han muerto millones de personas por el coronavirus y los australianos han sufrido mucho por las restricciones, en lo físico y lo mental”, agregó el exnúmero uno en el canal Eurosport.
El castigo para Djokovic
Pese a que el presente coronavírico obligue a vivir al día, Becker seguramente no iba desencaminado. Aunque proyectar a medio o largo plazo sea una osadía, Djokovic sabe que, de entrada, hoy día no podría disputar el Open de Australia –el castigo de la deportación puede extenderse a tres años sin pisar el país oceánico– ni el US Open, ni tampoco otros torneos que se celebran en territorio norteamericano como Indian Wells o Miami, o un tercer Masters 1000 como el de Cincinnati. Tampoco podría participar con Serbia en la ATP Cup, el sucedáneo de mundial que abre el curso desde hace tres años.
Sin ir más lejos, de aquí al comienzo de la gira de tierra (abril) su ficha podría quedarse prácticamente en blanco. La temporada pasada lo hizo, pero de otra manera. Había ganado en Australia y quería disfrutar de más tiempo con su familia. Ahora, por tanto, empezará a encontrar algo de luz conforme se acerque Roland Garros, del 22 de mayo al 5 de junio. No obstante, el panorama que pueda encontrarse en París tal vez no sea el de ahora. Columna Digital galo permite hoy día el acceso a los no vacunados, pero el 5 de enero, el presidente Emmanuel Macroon se expresó alto y claro en el diario Le Parisien: “Yo no estoy a favor de joder [emmerder] a los franceses. Me quejo todo el día cuando la administración lo hace. Pero bueno, a los no vacunados sí que tengo muchas ganas de joderlos. Y vamos a seguir haciéndolo hasta el final. Esa es la estrategia”.
Sin embargo, la puerta del US Open está hoy día completamente sellada para él. La normativa estadounidense es tajante: obliga a estar vacunado y a portar a la entrada una PCR efectuada en un margen no superior a 24 horas. El grande neoyorquino fue el primero que se disputó (a puerta cerrada) después del primer impacto del coronavirus, en agosto de 2020. Desde entonces, Djokovic ha sumado tres majors a su expediente, pero el presente se ha teñido de interrogantes.
“El mundo ha cambiado y será muy difícil para él llevar una vida de tenista profesional sin vacunarse”, le previene Becker; “con 34 años, no le queda mucho tiempo para conseguir sus objetivos. La misma determinación increíble con la que le he visto ganar en partidos puede ser un punto débil por su cabezonería. Tiene unas convicciones muy firmes”, prosigue el alemán, que también alcanzó la cúspide del circuito. “Debe vacunarse o, si no, se encontrará con este problema a menudo”, declaró en la BBC la francesa Marion Bartoli, campeona de Wimbledon en 2013.
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