Seis meses después de la amarga salida de Afganistán, la amenaza de Rusia sobre Ucrania ha colocado a Joe Biden ante otra crisis exterior con la que lidiar, cuando su principal interés exterior consiste en el desafío de China y su mayor urgencia, avanzar en su agenda política interna. El presidente ha optado por rebajar cualquier optimismo y exponer crudas perspectivas: ha compartido información de inteligencia sobre las supuestas maniobras del Kremlin para crear un pretexto que justifique una invasión, ha manifestado su convencimiento de que Vladímir Putin quiere intervenir tan pronto como en febrero, y ha amenazado con responder con sanciones económicas de dureza sin precedentes.
Enfrente, se ha topado con las quejas del propio Gobierno de Kiev, que alerta contra el alarmismo; contra el flanco más progresista de su partido, que se opone a las maniobras de Rusia pero cuestiona la mano dura en el conflicto; el azote del los republicanos trumpistas, que critican la implicación estadounidense y con la tarea de ganar la confianza de los aliados europeos después de las tensiones creadas a raíz del desastre de Kabul y el acuerdo de defensa con Reino Unido y Australia. Washington se encuentra en el fuego cruzado de varios intereses. La crisis brinda al presidente la oportunidad de lograr una relevante victoria diplomática, y sacar brillo así a tan traída y llevada experiencia en política exterior, aunque también, el riesgo de cargar con otro fracaso.
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Dentro de Estados Unidos, Biden también se mueve entre diferentes sensibilidades, a pesar de que el grueso de la población está de acuerdo, independientemente del partido al que votan, en que Vladímir Putin es el villano de esta historia. En un sondeo de Pew Research realizado entre el 10 y el 17 de enero, hasta un 41% ve a Rusia como un enemigo (39% en el caso de los republicanos, 43% en opinión de los demócratas) y un 49%, como un competidor (50% para los republicanos y 49% para los demócratas). El refuerzo militar ruso en Ucrania es considerado una gran amenaza por el 26% (27%-26%) y una amenaza menor por el 33% (36%-33%).
Tucker Carlson, la gran estrella televisiva conservadora del momento, una de las voces más influyentes para la derecha americana, planteó a un congresista republicano, Michael Turner, en antena: “Pregunta sincera, ¿por qué debemos ponernos del lado de Ucrania en esto y no del lado de Rusia?”. Turner le respondió que Rusia “es un régimen autoritario” que pretende imponer su voluntad a “una democracia” como Ucrania y que los estadounidenses suelen “están del lado de las democracias”.
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También el flanco izquierdo del Partido Demócrata ha expresado sus recelos. Las líderes del caucus progresista del Congreso, Pramila Jayapal y Barbara Lee, emitieron un comunicado conjunto esta semana con esta advertencia: “Nos preocupa enormemente que los nuevos despliegues de tropas, las sanciones indiscriminadas y una oleada de millones de dólares en armas letales solo conseguirán aumentar las tensiones e incrementar los errores de cálculo. Estados Unidos y la OTAN no deben jugar con esta estrategia”.
Ni Estados Unidos ni la OTAN han hablado todavía de destacar soldados dentro de Ucrania, país que no forma parte de la Alianza Atlántica, aunque sí de ayudar con armas y desplegar tropas en la región. Biden confirmó el viernes por la tarde que enviará efectivos a corto plazo al este de Europa y los países bálticos, si bien añadió que no serían “demasiados”.
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