Este domingo Costa Rica celebra una jornada electoral a la usanza, con ambiente tranquilo, a pesar de la oferta partidaria tan amplia como insatisfactoria para los electores, reflejada en los elevados índices de indecisión que mostraban las encuestas a pocos días de los comicios presidenciales y legislativos.
La probabilidad de una segunda vuelta en abril es alta. A las seis de la tarde se cerraron las puertas de los 2.100 centros de votación habilitados en el país. La incertidumbre no evitó que al final de la jornada comenzaran caravanas festivas en varios centros urbanos del país, a la espera de que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) emita un primer reporte.
Los costarricenses, cuyo apoyo a la democracia supera los promedios del continente, votaron a la espera de si se confirma la aparente ventaja del expresidente José María Figueres Olsen, del histórico Partido Liberación Nacional (PLN). El nombre de su adversario resulta más difícil de avanzar, dadas las estrechas diferencias entre otras cuatro agrupaciones y la alta volatilidad en los respaldos. La cantidad récord de 25 candidaturas para un padrón de solo 3,5 millones de personas ha complicado la decisión para escoger al sustituto del mandatario Carlos Alvarado en mayo.
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La sensación entre propios y extraños en los centros de votación es que el PLN sí tiene ventaja, pero no la suficiente para triunfar en primera ronda, tal y como advertían los analistas basados en las encuestas. A pesar del mensaje optimista que dio Figueres al votar a las 7.20 de la mañana, en el que dio por hecho que ganaría en primera vuelta, pocos veían realista que superara el 40% mínimo, uno de los umbrales más bajos de América Latina para triunfar en primera vuelta.
“No podemos darnos el lujo de posponer las decisiones importantes”, dijo el expresidente. “Ir a una segunda ronda nos costaría más de 3.000 millones de colones ($4,6 millones) en la organización y dos meses más de indecisión y parálisis”, ahondó al salir de su centro de votación en San Cristóbal Sur de Desamparados, antes de cumplir el rito de visitar la tumba de su padre, el caudillo, estadista y tres veces gobernante de la Costa Rica del siglo XX, José Figueres Ferrer.
El deseo de Figueres, sin embargo, contrastaba con el de sus adversarios, que menos ambiciosos aseguraban que lograrán el acceso al balotaje. El ambiente en las calles no permitía pronosticar el nombre del contendor de Figueres para el 3 de abril. Menos aún la composición de la nueva Asamblea Legislativa, con la previsión de que se perpetúe la fragmentación y de que el nuevo presidente, sea quien sea, gobierne con minoría parlamentaria.
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