Los obispos empezaron este domingo una semana de ejercicios espirituales con la intención de tomarse tiempo antes de decidir cómo van a afrontar la investigación propuesta por el Gobierno sobre los casos de abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica española. Tienen ya un calendario. Los próximos días 16 y 17 se reúnen los nueve miembros de la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española (CEE); a primeros de marzo lo hará la comisión permanente, en la que están todos los cardenales y arzobispos, además de los prelados más influyentes del organismo, hasta sumar una veintena larga, y en abril celebrarán la habitual asamblea plenaria de primavera.
La Casa de la Iglesia, en la calle Añastro, guarda toda esta semana el riguroso silencio que exigen los ejercicios espirituales ignacianos. Nunca tan oportunos, para evitar hacer declaraciones. Este año han elegido para que los dirija al jesuita Darío Mollá Llácer, especialista en acompañamiento espiritual. En 2006, quien lo hizo fue el entonces cardenal arzobispo de Buenos Aires, el también jesuita Jorge Bergoglio, hoy papa Francisco. Lo cierto es que los teléfonos de los prelados están apagados, incluido el de su portavoz y secretario general, Luis Argüello.
Si se siguen las reglas de Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, el predicador Mollá Llácer les habrá recordado ya la Quinta Regla para la Primera Semana, es decir, “en tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación”.
Desolación es la palabra. E indignación. Varios prelados se han pronunciado antes de encerrarse en Añastro. El tono general es crítico. Creen que se está haciendo un “uso político” de la pederastia clerical. Opina Argüello, el portavoz episcopal: “El interés no está en sanar a las víctimas, sino en atacar a la Iglesia. Estamos asistiendo a un uso de esta situación: un uso mediático, un uso político en estas últimas horas. Nos preocupa. No solo por lo que afecta a la vida de la Iglesia y sin abordar la problemática de los abusos en el conjunto de la sociedad; sino, sobre todo, porque nos parece especialmente doloroso que se pudiera utilizar, incluso, la situación de las víctimas en la disputa política, en la confrontación propia del Parlamento o de la vida social y política española”.
Lo dijo en Roma, después de su encuentro con el papa Francisco, al término de la visita ab límina que han realizado los obispos españoles ante el Papa en los dos últimos meses. Más tarde, ya en España, remachó con este tuit: “Cuando la opinión pública es más importante que la verdad, la confianza se resquebraja”.
De la misma opinión es el obispo electo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, a quien el Papa ha desalojado del obispado de San Sebastián después de numerosos encontronazos con sacerdotes y fieles de esa diócesis. “No parece que el interés que se persigue sea la protección de las víctimas”, declaró después de que el Congreso admitiera a trámite una propuesta para investigar los abusos sexuales en la Iglesia.
Es una posición muy común entre la jerarquía conservadora, la idea del y tú más. El teólogo José Ignacio González Faus da una respuesta, escandalizado. “La pederastia clerical no es la única que existe sino solo una pequeña parte, aunque sea la más grave y más escandalosa: porque a la Iglesia hay que exigirle más que a nadie y ella misma debe exigirse más que nadie. Juan Pablo II, tratando de ocultar las atrocidades de Marcial Maciel [el fundador de los Legionarios de Cristo], hizo a la Iglesia casi tanto daño como aquel degenerado”.
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