Es el primer centro que se abre en Nueva York, Estados Unidos para pincharse con seguridad y quiere servir de modelo en un país golpeado por un récord de muertos por sobredosis. A cada lado de una habitación se alinean cuatro cubículos abiertos, equipados con una silla, una mesa y un espejo. Para ver “si algo sale mal”, dice “Mark” de 29 años, un hombre habituado del lugar.
Aquí “te controlan, hay música y no te presionan… En los baños públicos hay que darse prisa (…) tienes más posibilidades de errar la inyección y provocar un absceso”, explica.
En el mueble del centro de la habitación hay jeringuillas, elásticos, compresas y pajitas de colores. En otros dos cuartos más pequeños es posible fumar crack. Al otro lado, hay una sala de reposo donde se puede ver televisión. ¿Sala para inyectarse? Aquí, prefieren hablar de un “centro de prevención de sobredosis”.
Registro
Estados Unidos registró cien mil muertos entre abril de 2020 y abril de 2021 por sobredosis, lo cual fue una cifra récord.
El 77 por ciento de los casos ocurridos en Nueva York en 2020 se debieron al fentanilo, un poderoso y peligroso opiáceo de síntesis que se mezcla con heroína o cocaína, como el cóctel que mató a la estrella de la serie de culto de The Wire, Michael K. Williams, en septiembre de 2021.
Este centro abrió sus puertas el 30 de noviembre de 2021 en la calle 126, con el apoyo de la municipalidad demócrata. Antes acogía a consumidores de droga en condiciones seguras y ofrecía programas de prevención.
“Sabíamos que nuestros participantes tomaban drogas en los baños cuando podían (…) el problema es que se encerraban y cuando había que actuar en caso de sobredosis, se tardaba más”, dice Rivera. Funcionar a cara descubierta “supone un enorme cambio”, resume al mencionar los modelos que empezaron a funcionar en Europa.
Más Información
Entre los vigilantes está Alsane Mezon, una mujer de 56 años preparada para intervenir cuando alguien se siente mal, lo que suele ocurrir “al menos una vez por semana”, según explica. Mezon dispone de oxígeno y si esto no basta, recurre a la naloxona, principal antídoto para las sobredosis. Desde que abrieron los dos centros se han registrado unas 130 sobredosis, cuenta Sam Rivera.
En Harlem, el centro ofrece también cuidados médicos y acupuntura, lavandería y comida caliente. Algunas personas reciben ayuda para acceder a una vivienda y buscar empleo. Otras “vienen simplemente a tomar café o a ver una película”, incluso después de que ya se han desenganchado.
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