La economía feminista es una ecuación con distintos resultados. Todos, pueden ser, correctos. Al igual que todas las mujeres no son iguales y tienen diferentes rostros. El pensamiento económico femenino son infinitas parcelas. Minifundios. Aunque juntos construyen una tierra fértil en la que durante décadas muchos economistas solo distinguieron un suelo baldío y polvoriento. Pero aún hoy se impone ese sentido de no molestar. Como esos carteles que cuelgan en las habitaciones de los hoteles y que protegen la intimidad del deseo. Una de las principales economistas españolas, experta en esta corriente, pide el anonimato. “Es un tema muy espinoso”, justifica. Su propuesta es kantiana. Diferentes categorías.
La “economía feminista” reniega del capitalismo actual. Después, en la taxonomía, caminaría la “economía de género”. Aquella que habla de lo que se denomina en la jerga “cuentas satélites”. Lo que aportarían al PIB si se incorporaran trabajos (generalmente efectuados por mujeres) como cuidar de los hijos y los mayores, atender la casa o la familia. Y al final. O al principio —depende de quién observe el rostro— estarían las “economistas liberales”, “que aceptan la economía neoliberal [privatización, libertad de los mercados financieros]: esto es algo que chirría mucho a las feministas”, avisa la académica. Por entender bien las fuerzas centrífugas y centrípetas que gobiernan esta corriente económica. “Una economista como la influente Mariana Mazzucato” [profesora en la University College London], “quien ha defendido que ‘el capitalismo actual resulta incompatible con el feminismo’, nunca sería invitada a unas jornadas de economía feminista”, admite la docente madrileña.
Los grandes bancos publican infinidad de estudios con decenas de páginas del coste económico de orillar a las mujeres. Goldman Sachs escribe (en un informe de marzo de 2021) su narrativa de cifras. Cerrar la fractura salarial y de trabajo de las mujeres estadounidenses contribuiría en 1,5 billones de dólares (1,3 billones de euros). El 7,3% de la riqueza del país. Y la Bolsa se dispararía entre el 3% y el 9%. La misma firma (febrero de 2022) reconoce que las mujeres negras contabilizan el 6% de la población del país pero solo son propietarias del 2% de los negocios. Números infinitos cuando la gente aspira a una vida “pequeña” y “segura”. La inequidad avergüenza. Solo el 0,5% de las mujeres negras posee su propio negocio. Una tasa 24 veces por debajo comparada con las mujeres blancas.
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