La negociación de un acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos se ha convertido en una prioridad de los Gobiernos de los dos países ante la crisis que ha elevado la presión en los más de 3.000 kilómetros de frontera compartida. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, tiene previsto viajar este lunes a Washington precisamente para tratar, a partir del martes, asuntos relacionados con la cooperación para el desarrollo y preparar la participación en la Cumbre de las Américas que se celebra en junio en Los Ángeles. En vísperas de su visita quiso manifestar, no obstante, el rotundo rechazo del Gobierno a la estrategia del gobernador de Texas, el republicano de Greg Abbott, frontalmente enfrentado a la Administración demócrata de Joe Biden. Ebrard llegó a calificar de “extorsión” sus métodos de bloqueo de los cruces.
Las declaraciones del secretario de Relaciones Exteriores, recogidas por Milenio durante un acto en el Estado norteño de Nuevo León, reflejan el malestar del Ejecutivo de Andrés Manuel López Obrador ante las inspecciones adicionales a camiones y autobuses que en Semana Santa desataron el caos en cuatro puentes internacionales. “Déjame ponerlo esto entre comillas: es el esquema de extorsión. Más bien, es una extorsión: cierro la frontera y tienes que firmar lo que yo diga”, denunció en referencia a los acuerdos alcanzados por Abbott con sus homólogos de Nuevo León, Tamaulipas, Chihuahua y Coahuila.
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El telón de fondo de esta batalla son las elecciones de mitad de período de noviembre y finalmente Biden optó por dar un paso atrás tras la decisión de una corte de Luisiana que aplaza temporalmente el desmantelamiento del Título 42. A la espera de una nueva audiencia, afirmó que acatará lo que digan los tribunales. Mientras tanto, el gobernador Abbott ha demostrado que está en condiciones de paralizar buena parte de la frontera. Los operativos que desplegó no solo provocaron colas kilométricas, sino que derivaron en protestas de transportistas e incluso algunos actos de vandalismo protagonizados presuntamente por la delincuencia organizada. En la ciudad de Reynosa (Tamaulipas), por ejemplo, ardieron varios tráileres en medio del descontrol.
Tanto las declaraciones de Ebrard como su viaje a Washington se enmarcan en este contexto. López Obrador habló el viernes por teléfono, durante casi una hora, con Biden y ambos acordaron seguir avanzando para analizar las coincidencias. La conversación, según ambas partes, dejó claro que se deben aumentar los esfuerzos para reducir la migración irregular buscando unas fórmulas que respeten los derechos humanos y al mismo tiempo resulten eficaces. A corto plazo, el primer foro en el que podría presentarse algún avance es el de la Cumbre de las Américas. Sin embargo, a este respecto también México tiene alguna exigencia. En primer lugar, que el cónclave se celebre “sin excluir a nadie”, en referencia a la invitación de Cuba.
Esta semana será, en cualquier caso, clave para explorar un marco de colaboración regional. López Obrador viaja el jueves al triángulo norte de Centroamérica precisamente para abordar asuntos migratorios con los Gobiernos de Guatemala, El Salvador, Honduras y Belice. Después, se desplazará hasta Cuba durante el próximo fin de semana. El propósito central de la gira es la cooperación para el desarrollo. Centroamérica, que desde finales de 2020 ha visto multiplicarse, de nuevo, las caravanas de migrantes, es un territorio determinante no solo para México sino también para Estados Unidos, puesto que la frontera sur siempre anticipa la situación en la frontera norte.
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