Dos minutos y 45 segundos tardaron los Heat en anotar su primera canasta. Por entonces, el runrún de la grada ya retumbaba en las paredes del American Airlines Center, una muestra del carácter de una afición, la de Miami, marcada por la exigencia y el consumo rápido de estímulos, síntoma también de un nuevo tiempo. Ahí, en esa prisa forzada por el ritmo de la gran ciudad, Jimmy Butler ha encontrado su armonía. El escolta, criado en Tomball, un distrito a las afueras de Houston (Texas), es el líder indiscutible de los de Florida. Anoche, en una muestra más, anotó 41 puntos, que acompañados por nueve rebotes, cinco asistencias, cuatro robos de balón y tres tapones, sellaron el primer golpe ante los Boston Celtics (118-107) en las finales de la Conferencia Este.
Los visitantes, ayer de verde, como marca su histórica tradición, salieron ante la marea blanca del pabellón sin dos de sus piezas principales: Marcus Smart y Al-Horford. El primero, lastrado por un dolor en el pie derecho tras el séptimo partido ante los Milwaukee Bucks, disputado hace tan solo 48 horas, no se pudo recuperar a tiempo, aunque se le espera para el segundo encuentro de la eliminatoria. Horford, en cambio, preocupa más, pues se encuentra confinado a causa del coronavirus y podría perderse varios partidos.
En el otro frente, los Heat sí contaron con todos sus efectivos. Imprescindible en una plantilla coral como pocas. Más aún si cabe desde la fuerte discusión en pleno partido ante los Warriors, todavía en temporada regular. Por aquel entonces se habló de vestuario roto, de escisión. Desde entonces, los de Erik Spoelstra han tomado velocidad de crucero —15 victorias y seis derrotas— y, haciendo menos ruido que el resto, se han plantado en las finales de conferencia por quinta vez en diez años.
Tras idas y venidas en el marcador, generalmente dominado por los Celtics, Butler se echó el equipo a la espalda en el tercer acto y enseñó el camino de la victoria a sus compañeros. El tejano, criticado en ocasiones por su carácter, difícil de acoplar con quien no se ajuste a sus exigencias, solo ve en la victoria el posible desenlace a su trabajo, plagado de horas y horas en el gimnasio. Así ha sido desde joven, cuando tuvo que buscarse la vida después de que sus padres renegaran de él —su padre abandonó la familia cuando era un niño y su madre le echó de casa cuando tenía 13 años—.
Con el tiempo, Butler forjó un sólido desempeño sobre la pista y fue drafteado por los Chicago Bulls en 2011. Allí entabló una amistad con Pau Gasol que todavía perdura, pero sobre todo afianzó su carrera en la NBA —seis veces all star—. En 2019, tras un paso fallido por Philadelphia, Butler aterrizó en Miami para liderar la aclamada “cultura heat” bajo las órdenes de Spoelstra. Allí, el escolta encontró su sitio y, tras caer en las finales de 2020 ante los Lakers, pretende repetir hazaña este curso.
Para ello, Butler cuenta con la ayuda de Bam Adebayo y Tyler Herro, suplente por excelencia del campeonato. Ayer, ante un Jayson Tatum demasiado solo en ataque (29 puntos), los de Spoelstra castigaron con saña a unos Celtics que deberán recuperar el tono de su última eliminatoria ante los Bucks si quieren llegar al TD Garden el próximo sábado con la eliminatoria igualada a uno. De lo contrario, habrá mucho que remar.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook y Twitter, o visitar nuestra pagina oficial.
La nota precedente contiene información del siguiente origen y de nuestra área de redacción.


