Desde hace poco más de tres meses, en el gimnasio ubicado a un costado de la alberca Olímpica Universitaria, las notas del hip hop no dejan de sonar. Ahí, colocados en un círculo que conforma el tradicional cypher, la Selección de Breaking de la Universidad Nacional Autónoma de México entrena de cara a los próximos compromisos nacionales, pero también configura lo que podría ser el sueño olímpico en París 2024.
El boom del breaking en los últimos años ha cambiado el enfoque. El hecho de que para los próximos Juegos Olímpicos, el baile surgido en la ya lejana década de los 70 en el Bronx neoyorquino sea una de las 32 disciplinas le ha dado reflectores, pero también lo ha dignificado.
Entre el grupo de breakers está Abigail Carrillo. Lleva una cola de caballo que se mueve como rehilete mientras hace los movimientos de potencia característicos. Tiene ya 18 años bailando. Recuerda como un momento determinante cuando vio a unos bailarines practicando capoeira, entonces buscó la manera de hacer algo parecido, y encontró el breaking en las calles, en el barrio. El inicio no fue fácil. Por aquel entonces pensar en la expresión urbana como una disciplina olímpica era lo más parecido a una locura.
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