El miércoles tres colectivos llegaron a la Estación Central de autobuses de Nueva York con al menos un centenar de migrantes, la mayoría venezolanos, quienes fueron enviados desde Texas, en viajes organizados por el Gobierno de ese estado, que ha declarado expresamente que pretende repartir la carga que representa la presión migratoria.
Estos tres autobuses, que salieron inicialmente con unas 140-150 personas de Texas y que solo llegaron un centenar (el resto decidió quedarse por el camino en otras ciudades voluntariamente), se suman a otros fletados por las autoridades texanas el pasado fin de semana y se prevé la llegada de más en los próximos días.
La alcaldía, con asistencia de organizaciones no gubernamentales, les entregaban una caja con comida y los iban distribuyendo en albergues (familias por un lado y por otro los hombres solteros, que son mayoría) por la ciudad, salvo a aquellos que expresaban su deseo de dirigirse a casa de amigos o familiares.
Roger, un venezolano de 42 años, sastre de profesión, declaró que no fue forzado en ningún momento a subir en el autobús, pero tras tres meses de penalidades desde que salió de su país “atravesando selvas y desiertos”, aceptó la propuesta de ser trasladado gratis a Nueva York. Roger, que ha hecho todo su viaje solo, aspira a ganarse la vida como sastre en la Gran Manzana, pero está dispuesto “a aceptar cualquier trabajo” para salir adelante.
El alcalde de Nueva York ha declarado en numerosas ocasiones que la ciudad proveerá alojamiento a los inmigrantes mientras legalicen su situación -al igual que hace los sin techo-, y este argumento ha sido utilizado por el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbot, para enviar a inmigrantes a Nueva York y Washington, gobernadas por demócratas.
Los envíos de inmigrantes se están haciendo sin la menor coordinación a nivel político y Texas, pese a ser el que organiza los viajes, no informa ni del número de autobuses, los emigrantes que transporta o el estado en que se encuentran.
El gobierno de Texas impuso a las compañías de autobuses un contrato de confidencialidad para que no desvelen detalles sobre estos viajes, según denunciaron ayer fuentes de la alcaldía.
Solo algunas organizaciones caritativas, frecuentemente religiosas, consiguen información “in situ” en Texas de los propios emigrantes y la transmiten a Nueva York, y es a través de ellas como se está organizando el dispositivo de acogida.
Más de cuatro mil inmigrantes están registrados con el sistema de albergues de la ciudad, a donde han estado llegando hace algunos meses, vía Washington DC, luego de que Texas enviara también allí autobuses con indocumentados.
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