El nacimiento de un hijo es un hito positivo en la vida de la mayoría de los padres. Y con las nuevas responsabilidades vienen cambios de comportamiento, particularmente para los padres primerizos. Tal punto de inflexión puede tener efectos a largo plazo o incluso permanentes.
Para las personas que han cometido delitos antes de tener hijos, en particular, la paternidad inminente se correlaciona con cambios drásticos de comportamiento. Tanto para las madres como para los padres, la llegada de un hijo aumenta las perspectivas de empleo y disminuye el comportamiento delictivo.
Sin embargo, existe amplia evidencia empírica de que el género del niño juega un papel particular para algunos padres.
Un nuevo examen de los datos de Nueva Zelanda muestra que la cantidad de cambio en los padres jóvenes puede depender de sus antecedentes culturales y criminales. Tener hijos varones parece tener el impacto más profundo en los hombres europeos jóvenes de Nueva Zelanda, persuadiéndolos a alejar sus vidas del crimen.
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