Una zona boscosa de Izium, localidad al noreste de Ucrania recientemente recuperada de manos rusas por las tropas locales, es el último sitio en el que el Gobierno de Kiev ha anunciado la existencia de un enterramiento masivo de víctimas de la guerra. Ya hay abierta una investigación que se halla en manos policiales y forenses para obtener los detalles de esas muertes. Un responsable de las fuerzas de seguridad ha informado del hallazgo de más de 440 cuerpos, a los que se dio sepultura de manera individual. En las imágenes que han empezado a ser publicadas en la prensa local y compartidas en las redes sociales se puede observar a varios militares alrededor de numerosas cruces de madera, algunas de ellas numeradas. Escenas similares se han repetido a lo largo de esta guerra en otras ciudades como Mariupol, en el sur de Ucrania, o Bucha, en el centro.
“Puedo decir que aquí está una de las fosas más grandes de una ciudad liberada, con más de 440 tumbas”, ha señalado Oleh Kotenko, responsable del departamento de investigación de la Policía de la región de Járkov, en declaraciones a la cadena Sky News. Gracias a la investigación en curso, añade, ya tienen datos sobre algunas de las víctimas. Varias murieron por disparos, otras por fuego de artillería y otras por explosiones de minas, pero muchos de los cuerpos están todavía pendientes de desenterrar y, por tanto, se desconocen las circunstancias en las que perdieron la vida. “Rusia está dejando un rastro de muerte en todas partes y debe ser considerada responsable”, afirmó en la noche del jueves el presidente ucranio, Volodímir Zelenski.
Los muertos acaban siendo una enorme fuente de información. Así está siendo en casos como los de Bucha, donde decenas de cadáveres fueron hallados cuando las tropas invasoras se retiraron, y otras localidades del cinturón que rodea Kiev, la capital. Ese fue el primer objetivo de la invasión ordenada por el presidente ruso, Vladímir Putin, el pasado 24 de febrero. La batalla de la región de Kiev duró poco más de un mes. El área de más de 8.000 kilómetros cuadrados liberados ahora en la región de Járkov, fronteriza con Rusia, ha estado bajo el yugo invasor durante más de seis meses, por lo que las autoridades locales creen que hay mucho que averiguar e investigar, según reconoce el gobernador, Oleh Syehubov.
Hallazgos como este de Izium abren una nueva ventana a las pesquisas que las autoridades de Kiev van poniendo en marcha en torno a posibles crímenes de guerra en las zonas que van liberando. Columna Digital ha comprobado cómo en estas localidades recuperadas ya se han desplegado fuerzas policiales, del Ministerio del Interior y de la Fiscalía General para tratar de recopilar toda la información necesaria para que se depuren responsabilidades. En diferentes puntos, con ayuda del testimonio de los vecinos, se están desenterrando cadáveres a los que se dio sepultura en tumbas improvisadas durante la ocupación.
La comisaría de policía de Balakliia fue durante el pasado medio año el cuartel general de las tropas rusas en esa localidad. Las celdas de los detenidos se emplearon para mantener a decenas de presos a los que se interrogaba y torturaba, como relató el pasado martes a este diario Ayrtom, de 47 años, que permaneció 46 días arrestado y recibiendo descargas eléctricas por ser hermano de un militar.
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