Si de algo carecemos los morelenses desde hace varios años es de tranquilidad, la violencia está tan arraigada que, a pesar de que tenemos mecanismos de defensa, la inseguridad en que vivimos todos los días es verdaderamente alterante.
Ahora resulta que no se puede ir ni a comer unos tacos en algún negocio de ese giro, porque no sabemos si en ese momento está en el mismo lugar alguien al que quieren matar con la impunidad que reina en Morelos.
A pesar del tiempo no tenemos tranquilidad, cada día vivimos con más temor de salir a la calle, y los cafés tan famosos en la ciudad, donde se podía pasar un buen rato con amigos tomando o comiendo algo, ahora resulta que son un peligro porque no sabemos si hay alguien perseguido o de otro núcleo de la delincuencia organizada en el lugar y, por darle al violín le dan al violón, así que no se puede ya ni disfrutar esos momentos de comunicación y amistad.
Las cosas están cada día peor, por más que nos digan que mejoran, la verdad es que no y nos hemos acostumbrados a la muerte como cosa de todos los días.
Y como hablar de nuestra inseguridad es repetir los mismos conceptos de cada semana, hoy he querido dar una visión diferente y, a pesar de los muchos años que hace que esto se escribió, nos da un panorama distinto.
Veamos la carta de Séneca a Lucilio denominada “DE LO QUE DA TRANQUILIDAD A LA VIDA”:
“Voy a decirte lo que has de hacer para tener vida tranquila: tú lo escucharás como si fuesen prescripciones para conservar la salud en Adeatino. Considera qué es lo que impulsa la hombre contra el hombre y verás que es la esperanza, la envidia, el odio, el temor, el desprecio. De todos estos vicios, el último vale tan poco que a veces algunos lo han utilizado como remedio.
“Indudable es que a quien se desprecia se le pisotea, pero es de paso, y nadie se para a perseguir a aquel a quien constantemente desprecia. En el combate se lucha con el que se mantiene de pie y se prescinde del caído.
“El verdadero medio de evitar la esperanza y pretensiones de los malvados es no poseer nada que por su brillo pueda excitar la codicia. Todo lo que brilla se hace desear, aunque sea poco conocido. Te pondrás a cubierto de la envidia si permaneces oculto, si no ostentas riquezas y sabes regocijarte en tu interior.
“Evitarás el odio que procede de ofensas si cuidas de no ofender a nadie sin motivo; conducta que te dictará el sentido común.
“Obrar al contrario fue muy peligroso para muchos; y algunos experimentaron odios sin tener enemigos,
“Pero la afabilidad de tu carácter y la modestia de tu caudal conseguirán que no seas odiado y no temido, sabiendo que todos pueden ofenderte sin mucho peligro. Reconcíliate fácilmente y por completo, porque es cosa muy molesta ser temido, tanto en casa como fuera de ella, por los siervos y por los libres.
“Ninguno es tan pequeño que no pueda dañar; además de que el temido tiene motivo para temer, y nadie puede conseguir a la vez que le teman y vivir tranquilo. En cuanto al desprecio, el que quiera soportarlo le impondrá límites a lo que le plazca, no pudiendo ser despreciado más que porque quiera, no por que merezca serlo.
El desprecio trae molestias que pueden evitarse con destreza y por medio de la amistad con aquellos que tienen influencia, con los magnates: bueno es acudir a estos remedios, pero no exagerarlos, para que no lleguen a ser peores que la enfermedad.
“Mejor que todo es vivir en reposo y no comunicar tanto con los demás como consigo mismo. Existe en la conversación cierta dulzura que nos halaga y hace locuaces de la misma manera que el amor y el vino. Nadie callará lo que oyó ni se contentará con decir sencillamente lo que oyó.
“Mucha parte de nuestra seguridad consiste en no hacer daño. La vida de los malvados es muy agitada y confusa; tanto temen cuanto daño causan y nunca consiguen tranquilidad. Tiemblan después de una mala acción; quedan en suspenso; la conciencia no les permite obrar de otra manera y les obliga constantemente a recordar el crimen.
“El que teme ser castigado ya lo está, y el que ha delinquido lo teme siempre. El malvado puede encontrarse en lugar seguro, pero nunca en seguridad. Piensa que, aunque no se le prenda, se le puede prender; se agita en el sueño y si se habla de un crimen, recuerda el suyo. Nunca se cree bastante olvidado, bastante oculto. El malvado puede tener la fortuna de ocultarse, pero nunca goza de confianza. Adiós”.
Estas cartas son de la corriente filosófica del Estoicismo, de hace siglos, pero conservan validez y son interesantes. ¿No cree usted?
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Por: Teodoro lavín león /[email protected]/Twitter: @teolavin


