Dos principales potencias mundiales se han reunido este lunes en Bali por primera vez de forma presencial desde que Joe Biden asumiera el poder tras ganar las elecciones en su país hace dos años.
Biden afirmó: “Desde mi punto de vista, compartimos la responsabilidad de demostrar que China y EE UU pueden gestionar sus diferencias, evitar que la competición se convierta en conflicto, y buscar maneras de trabajar juntos en cuestiones globales urgentes que requieren nuestra cooperación mutua”.
Por su parte, el mandatario chino señaló que la situación en que se encuentran las relaciones sino-estadounidenses “no corresponde a los intereses fundamentales de ambos países y pueblos, ni concuerda con la expectativa de la comunidad internacional”. “Necesitamos desempeñar el papel de liderazgo, establecer el rumbo correcto para las relaciones binacionales y ponerlas en una trayectoria ascendente”, añadió Xi.
La relación bilateral ha alcanzado un nivel desconocido de tensión acerca de Taiwán tras la visita de Nancy Pelosi, un gesto que enfureció a Pekín. Biden ha sido extraordinariamente explícito teniendo en cuenta los tradicionales rasgos de ambigüedad de EE UU en esta cuestión, diciendo varias veces que está dispuesto a usar la fuerza estadounidense para defender a Taiwán. El presidente estadounidense avisó en la víspera de la reunión de que “hablaría de ello” con su homólogo chino.
EE.UU reclama a China que embride el rearme de Corea del Norte. Biden ha dado a entender que si Pekín no lo frena tendrá que aumentar la presencia de seguridad estadounidense en la región, y presiona por otra parte para que Pekín no conceda demasiado oxígeno a Moscú, con amenaza latente de sanciones secundarias.
China, por su parte, considera que EE.UU está intentando contener su ascenso. Protesta por las restricciones a productos tecnológicos así como por los lazos militares cada vez más estrechos de Washington en la región.
EE.UU avanza en su movimiento para reordenar las cadenas de suministro. La secretaria del Tesoro, Janet Yellen, lleva meses exhortando a las empresas a reducir su dependencia de China y acaba de pasar por India señalando que ella también es preferencial.
La rivalidad es profundísima. La nueva estrategia nacional de seguridad de EE.UU, publicada en octubre por la Administración de Joe Biden, el gigante asiático “es el único país con la intención de reconfigurar el orden internacional y, cada vez más, el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para impulsar ese objetivo”.
Xi, por su parte, llegó también fortalecido políticamente por su reciente coronación en el congreso del PCCh, que no solo le otorgó un tercer mandato presidencial, sino que configuró una cúpula de mando cortada completamente a medida del líder. En su conjunto, China se sentó a la mesa con la fuerza otorgada por las evidencias de décadas de poderoso y eficaz avance en múltiples áreas, incluidas las más estratégicas como la tecnológica o la militar.
Pero la coyuntura no es la mejor para China, con una evidente ralentización económica, persistentes problemas para sobreponerse a la pandemia y una apuesta para estrechar una relación “sin límites” con Rusia que resulta bastante incómoda ahora.
Pekín, a diferencia de Washington, no cuenta con una red de alianzas. Ha establecido relaciones estrechas con decenas de países por la vía de inversiones e infraestructuras, pero esto dista de tener la profundidad estratégica de lazos como los de la OTAN, la UE o alianzas de carácter bilateral.
Precisamente en ese sentido, cabe destacar cómo Biden se reunió con los líderes de Japón y Corea del Norte, en una trilateral, y con el de Australia, en una bilateral, con ocasión de la cumbre de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, en sus siglas en inglés (Asean, por su acrónimo en inglés) en Camboya justo antes de la cita con Xi en Bali, precisamente para consultar con sus aliados las posiciones a tomar.
La nota precedente contiene información del siguiente origen y de nuestra área de redacción.


