Emma Lazarus autora judía, de familia con raíces sefardíes, y feminista se le hace homenaje publicado por primera vez en español “a los pies de la libertad” (editorial Huso), ensayo de la escritora Esther Bendahan y el periodista Israel Doncel, con traducción de los textos originales por Lawrence Schimel, incide en el carácter reivindicativo y el compromiso social de una mujer que nació en 1849 en el seno de una familia de la élite neoyorquina, de origen portugués, lejanos descendientes de los primeros 23 judíos que llegaron en 1654 a lo que aún era la colonia holandesa de Nueva Ámsterdam, el embrión de lo que fue Nueva York.
Lazarus tuvo instructores particulares, como sus seis hermanos, y estaba dotada para aprender con facilidad idiomas: francés, italiano, alemán (del que tradujo al romántico Heine). También llevó al inglés a filósofos judíos del medievo, como el médico Maimónides, una de las razones por las que Bendahan, directora de Cultura en el Centro Sefarad-Israel, de Madrid, la reclama como un personaje “que forma parte de la historia española, un precedente de la literatura sefardí actual, aunque escribiera en otra lengua y en otro lugar”.
La visión de una escritora pequeña
Su primer libro, Poemas y traducciones (1866), haciéndose resaltar y provocando llamar la atención del The New York Times, que lo calificó de “notable”, sobre todo porque lo había escrito “una joven dama de menos de diecisiete años durante los tres anteriores a su llegada a esa edad”. En 1874 vio la luz su única novela, Alide, basada en la vida de Goethe. Dos años después probó con el teatro (The Spagnoletto).
En 1882 escribe su primera colaboración para la revista mensual The Century, una de las de mayor tirada en aquel momento en EE UU. Sin embargo, en ese mismo número también se publicó un texto antisemita de una periodista rusa, que tildaba a los judíos de “parásitos repugnantes”. Lazarus se indignó tanto que “decidió desde ese momento no ocultar nunca su identidad judía”, explica Doncel, responsable de Comunicación del Centro Sefarad-Israel. Lo confirmaría con un poemario ese mismo año, Canciones de una semita.
De sus colaboraciones con los medios, Doncel destaca que “son de alto nivel intelectual, textos densos, casi ensayos”. En ellos puso el foco de la discriminación y persecución de los judíos en el Viejo Continente. “La intolerancia religiosa y la antipatía racial están dando lugar a una hostilidad social igualmente amarga y peligrosa”, escribió. Sin embargo, mantuvo una relación de tira y afloja con los editores: “No puedo hacer las cosas por encargo. Soy poeta, no periodista”, le dice a uno de ellos en una etapa en la que buena parte de la prensa escribía al dictado de intereses políticos o económicos.
Su compromiso con el pueblo judío se acrecentó cuando vio las condiciones en que llegaban y eran tratados los procedentes desde Rusia. Ella da cuenta de que no disponen de agua corriente o que los niños están sin escolarizar. Bendahan y Doncel coinciden en señalarla como precursora del sionismo, años antes de la obra considerada fundadora de este movimiento político, El Estado judío (1896), del periodista Theodor Herzl. Ella ya había clamado por una tierra para los suyos.
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