La próxima ronda de diálogos entre el Gobierno de Colombia y el ELN se celebrará en México, según fuentes de la negociación. Después de tres semanas en Caracas, en las que las partes han sentado las bases de las conversaciones entre el Estado y la guerrilla para encontrar una solución a un conflicto armado que lleva más de medio siglo, las dos delegaciones se trasladarán al país norteamericano.
La actual negociación ha arrancado en la capital de la vecina Venezuela con ese país, Cuba y Noruega como países garantes. Entre sus primeros acuerdos, la mesa de diálogos invitó a Brasil, Chile y México para sumarse con ese estatus. El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador aceptó casi de inmediato, el 25 de noviembre, con motivo de la visita de Petro a Ciudad de México. Las delegaciones también han acordado que Alemania, Suecia, Suiza y España serán países acompañantes del proceso, al igual que la Iglesia y las Naciones Unidas. También contemplan la posibilidad de que Estados Unidos tenga un enviado especial a la mesa.
En los diálogos con el Gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018), que los negociadores siempre han querido retomar en el punto donde quedaron suspendidos, ya se contemplaba la figura de una sede rotativa entre varios países latinoamericanos. En los dos casos, el proceso ha contado con un amplio respaldo de la comunidad internacional, y más aún en momentos que las fuerzas progresistas avanzan posiciones en la región.
Los acercamientos con el ELN suelen tener un fuerte componente internacional, una tradición creada a lo largo de diálogos con distintos gobiernos colombianos en lugares tan distantes como Caracas y Maguncia, en Alemania. “Al ELN se le nota una especie de fascinación por el roce con la comunidad internacional que les proporciona el marco de unas negociaciones públicas”, escribe Juan Camilo Restrepo, el jefe negociador del Gobierno Santos, en sus memorias Cuatro crisis que marcaron a Colombia (Planeta, 2022).
Desde la propia campaña que lo llevó al poder, Petro se ha propuesto retomar el proceso que había puesto en marcha Santos, suspendido durante el período de Iván Duque (2018-2022), y su equipo de paz ha insistido en que el diálogo actual es una continuación de esa negociación. En ese entonces, la fase pública de conversaciones se inició a comienzos de 2017 en Quito, Ecuador, con la premisa de que las sesiones de trabajo también podían tener lugar en Brasil, Venezuela, Chile o Cuba. Después se trasladaron a La Habana, que ya había albergado los diálogos que desembocaron en el acuerdo de paz con la extinta guerrilla de las FARC.
Duque, un crítico del acuerdo de paz con las FARC, dio por terminado el diálogo con el ELN al comienzo de su Gobierno después de que ese grupo, que nació en 1964 inspirado en la revolución cubana, hizo estallar un carro bomba que mató 23 personas en una escuela de cadetes en Bogotá. La ruptura trajo un alto costo diplomático para Cuba. Duque desconoció los protocolos firmados por las partes, lo que dejó en el limbo a la delegación del ELN que se encontraba en la isla, ante lo cual La Habana se negó a extraditarlos. Siguieron años de hostilidad diplomática desde Bogotá. Cuando el Gobierno de Donald Trump en Estados Unidos designó a Cuba como un “Estado patrocinador del terrorismo”, en enero de 2021, justificó su decisión en los reclamos de Duque.
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