La guerra le arrebato a los ucranianos una navidad. Sin embargo, pese a que todo es la guerra, hay retazos de espumillón, pequeñas luces y campanillas aquí y allá. En Dnipró, algunas luces y la decoración de las tiendas y los grandes almacenes recuerdan que es Navidad. En Kiev, la capital, no está el tradicional mercado navideño pero sí un gran árbol.
La Iglesia ortodoxa de Ucrania ha aprobado por primera vez este año que sus congregaciones celebren actos de Navidad el 25, otro paso más en el camino que algunas voces reclaman para alejarse del Patriarcado de Moscú y de otras tradiciones y símbolos culturales que consideran marcados por Rusia. Sin embargo, la Iglesia ha establecido que, al menos por ahora, esta nueva celebración de diciembre sea adicional; no en sustitución del 7 de enero. Es decir, habría Navidad dos veces.
Pese a esta concesión y a que ya antes de la invasión un tercio de los fieles de la Iglesia de Ucrania se mostraban partidarios de trasladar la celebración de la Navidad al calendario gregoriano, que marca la fecha del nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, la mayoría de la ciudadanía ucrania —sobre todo los mayores— prefiere seguir la tradición. “No podemos cambiar las fechas de la noche a la mañana”, dice el padre Iván, que lidera una iglesia ortodoxa de Ucrania en Kramatorsk, en el Donbás, en el castigado Este del país. “No tiene sentido. Es como celebrar el Año Nuevo en febrero”, remarca el religioso. Después de la Revolución Rusa, los bolcheviques adoptaron un calendario gregoriano en vez del juliano con fines civiles, pero el Patriarcado de Moscú siguió como antes.
Su parroquia, la más grande de esa ciudad de la región de Donetsk y la mayor de los alrededores, pertenece a la Iglesia ortodoxa de Ucrania que se escindió de la Iglesia ortodoxa Ucraniana afín al patriarcado de Moscú en enero de 2019. Otro paso más para alejarse de Rusia y de la cúpula de Moscú, que ya antes de la guerra a gran escala que ha cumplido diez meses mantenía un apoyo férreo al Kremlin y una retórica belicista. El patriarca de Moscú, Kirill, a quien distintos informes de la inteligencia occidental han asociado al KGB (el espionaje soviético), ha defendido y bendecido la invasión rusa de Ucrania y ha asegurado que los soldados del Kremlin que mueran en ella limpiarán así todos sus pecados, encendiendo todavía más, si cabe, los ánimos de escisión en Ucrania.
Los ataques del Kremlin contra la infraestructura energética y civil ucrania para tratar de quebrar la resistencia de su población tras más de 300 días de guerra, han dejado la ciudad casi a oscuras y helada en pleno invierno. Dentro, unas cuantas velas y un generador que permite —”ahorrando lo máximo posible”, dice el padre Iván— seguir celebrando la eucaristía. El religioso no cree que sea necesario cambiar la fecha de la tradicional Navidad para seguir la vía que les aleja de Moscú. “Esta es nuestra tradición”, señala.
En Dnipró, los cortes de luz han dejado a Dmitri y su familia sin luz durante días. Su yerno acaba de conseguir un generador pequeño, así que planean celebrarlo. Les ha costado más de 1.000 euros. “Celebramos más por el generador que por otra cosa realmente”, dice Dmitri encogiéndose de hombros. Tiene 78 años y para él Navidad es el 7 de enero. Es la fecha que su familia ha celebrado durante años. Cuenta que incluso durante la dictadura comunista, cuando las autoridades controlaban que no se fuera a las iglesias, sus padres, sus abuelos y sus hermanos cantaban canciones navideñas (koliadki) en casa.
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