Viktor Orbán, es el actual líder del partido Fidesz-Unión Cívica Húngara, que a través de una alianza con el Partido Popular Demócrata Cristiano ganó las elecciones de 2010 con el 52,73 % de los votos y con una mayoría de dos tercios en el parlamento húngaro.
Sus ideas políticas, como su conservadurismo social y nacionalista, su euroescepticismo y la defensa de lo que describe como un «estado iliberal», lo sitúan en el campo de la nueva extrema derecha.
Con los años, este hombre se convirtió en el primer ministro en el periodo de 1998-2002 ultraconservador Viktor Orbán, el líder más rebelde de la UE, el más reacio a romper los lazos con Rusia tras la invasión a Ucrania La espectacular conversión del líder es el resultado de una forma en que el pragmatismo y el populismo de Orbán se han aprovechado de un proveedor de energía barata y han encontrado un modelo en el que inspirarse para su régimen antiliberal.
Peter Balazs
El exministro de Exteriores (2009-2010) con una larga carrera diplomática, explica por videoconferencia que los primeros gobiernos democráticos tras la caída del régimen comunista buscaron establecer “una relación correcta” con Rusia. “Como dijo Jozsef Antall, el primer jefe de Gobierno en la época democrática en 1990: ‘Os pedimos amablemente que os vayáis y entonces podremos hacer buenos negocios’. Es decir, que si los rusos respetaban nuestra independencia y soberanía, podíamos tener una buena relación”, ilustra Balazs. “Pero con cautela, porque les conocemos muy bien”, añade.
Durante sus dos primeras décadas en política, el líder de Fidesz se mantuvo muy crítico respecto a las relaciones con Moscú. Entonces, en 2009, un año antes de las elecciones en las que llegó al poder —que ya no ha dejado nunca—, se reunió con el presidente ruso, Vladímir Putin. Se sabe poco y se especula mucho sobre aquel encuentro en San Petersburgo, que marcó un antes y un después en la relación. Desde aquella primera cita, los dirigentes se han visitado 11 veces, la última a principios de febrero ante el asombro de Occidente, cuando la tensión dominaba las relaciones con Moscú por la acumulación de tropas en la frontera con Ucrania, justo antes de la invasión. “Las relaciones entre los dos países están determinadas por sus líderes, Orbán y Putin, porque los ciudadanos no tenemos nada en común”, opina Balazs.
En estos 10 meses de guerra, el Ejecutivo de Fidesz se ha negado a ayudar militarmente a Ucrania y ha reforzado el discurso de rechazo a las sanciones a Rusia que lleva empleando desde la anexión ilegal de Crimea en 2014. Mientras el Kremlin cortaba el suministro de gas a varios países de la UE, el ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, ha viajado en varias ocasiones a Rusia para firmar contratos energéticos. Szijjártó fue además el único representante de la UE que se reunió con su homólogo, Serguéi Lavrov, en la reciente Asamblea General de la ONU, cuando la UE pedía aislarle. “No podemos permitir que nadie nos presione para poner en riesgo el suministro de energía de nuestro país”, defiende el ministro.
En una conferencia de prensa de fin de año, Orbán resumió la semana pasada la posición húngara: “No estamos a favor de separar las economías de la UE y de Rusia. Lo que pueda salvarse debe salvarse”. El dirigente defendió una política de “conectividad” frente a una “de bloques”. “No quiero dejar esta forma de cooperación reducida con Rusia”, insistió. Sobre la guerra, abogó por negociaciones que conduzcan a la paz y defendió su neutralidad: “Si le preguntara a los rusos y a los ucranios, ambos dirían que nos hemos mantenido al margen”.
La ambivalencia de Hungría, que insiste en recordar que condena la agresión rusa y que apoya a Ucrania, tiene que ver también con su relación con este país, con el que comparte frontera y una historia de tensiones en torno a la minoría de origen húngaro en la región ucrania de Transcarpatia, que fue parte del reino de Hungría. Orbán, que en la noche de su victoria electoral en abril se acordó del presidente ucranio, Volodímir Zelenski, para llamarle “adversario”, afirmó el pasado viernes que “la existencia de una Ucrania independiente y soberana también responde a los intereses húngaros”. Este martes, el Ministerio de Exteriores ucranio condenó las declaraciones de dirigente húngaro abogando por una negociación, reiteradas en una entrevista publicada el sábado, y que Kiev achacó a su “desprecio patológico por Ucrania”. En un comunicado, el ministerio añadió que si de verdad quiere la paz, el primer ministro húngaro “debería utilizar sus estrechos lazos con Moscú para que detenga su agresión contra Ucrania y retire sus tropas”.
Intereses de por medio
Los intereses húngaros y el pragmatismo del Gobierno ultranacionalista marcan las relaciones bilaterales con Moscú. “Hungría busca el equilibrio entre beneficiarse de una relación razonable con Rusia, a la vez que se mantiene en la estructura política de la OTAN y la UE”, explica Sándor Seremet, experto en Rusia y Ucrania en el Institute for Foreign Affairs and Trade (IFAT), un think tank que asesora al Gobierno en asuntos de relaciones internacionales y seguridad. “La principal conexión es la energía”, añade, muy condicionada por la situación geográfica de Hungría, que no tiene salida al mar. El 64% de las importaciones de petróleo y el 95% del gas provienen de Rusia, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA). Balazs añade otros negocios, como la compra de vagones del metro de Budapest, pero sobre todo, la multimillonaria extensión de la central nuclear Paks, que Orbán asegura que contribuirá a la independencia energética.
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