Rafael Nadal esta listo para comenzar la temporada 2023. El español, de 36 años, firmó aquella proeza en enero –remontando a Daniil Medvedev en la final del Open– y ahora acapara los focos en el despegue del nuevo curso, que comienza con un torneo experimental para que los jugadores se rueden y lleguen a punto al primer grande, que empieza el día 16 en Melbourne. La United Cup –competición por equipos mixta– sirve de pistoletazo de salida y no hay mejor reclamo que la presencia del balear, quien puestos a pedir un deseo antes de las campanadas, lo tiene claro: jugar, jugar y jugar.
“Lo principal para mí es recuperar las buenas sensaciones, ser competitivo. Y eso espero. Estoy preparado para que así sea, pero vamos a ver…”, expresaba hace tres días en Sídney, cuando el equipo español –completado por Paula Badosa, Pablo Carreño, Nuria Párrizas, Albert Ramos, Jessica Bouzas y David Vega– formó y se expresó ante los medios, con él a la cabeza y una pregunta flotando en el ambiente: ¿Será capaz de repetir Nadal lo que hizo once meses atrás en Melbourne? Visto lo visto en el estreno contra Cameron Norrie, 3-6, 6-3 y 6-4 favorable al británico, al balear todavía le queda un buen trecho por recorrer; sin embargo, entre sus planes figura ahora mismo una absoluta prioridad, la de poder competir con regularidad.
recuerda, refiriéndose a la sucesión de contratiempos que tuvo una vez conquistado el trofeo australiano; esto es, fisura en la costilla, dolor e intervención en el pie izquierdo, doble rotura abdominal… y la incertidumbre que precedió a su primera paternidad. Dicho esto, al campeón de 22 grandes –37 años el próximo 3 de junio, 23 ya en la élite– solo le preocupa ahora mismo “intentar jugar al máximo nivel posible” y darse la oportunidad de “seguir siendo competitivo” para “luchar por todo”, teniendo en cuenta que las dos últimas temporadas se han visto salpicadas de lesiones y ha tenido que visitar con demasiada frecuencia la enfermería.
En concreto, Nadal se vio obligado a renunciar a la segunda mitad de 2021 por la lesión crónica que sufre en el pie y ese curso tan solo pudo disputar 29 partidos, distribuidos en siete torneos. Este ejercicio, la cifra creció sensiblemente (47 y 12), pero el regusto que le queda es agridulce porque entiende que la prioridad es tener continuidad, y no ha sido el caso. Incide el de Manacor en que lo fundamental es poder entrenar y saltar a la pista, y que a partir de ahí, la buena marcha llegará de forma natural. Supeditado a los condicionantes propios de su edad y al desgaste del cuerpo, sabe que debe seleccionar, pero su objetivo para este 2023 pasa esencialmente por ganar presencia y poder completar la hoja de ruta sin los sobresaltos que le han golpeado en los últimos tiempos y le condujeron, sin ir más lejos, a plantearse la retirada durante la pasada primavera.
“¿Si será este mi último Open de Australia?
Nunca se sabe, pero espero que no. A esta edad nunca se sabe cuándo será el último, pero no me gusta hablar de eso porque ahora no estoy pensando en ello. Solo me concentro en jugar, ese esa es mi meta, no pensar que puede ser la última vez… Pero si lo fuera, vamos a disfrutarla lo máximo posible, ¿no? Intentemos crear algo especial”, expone el número dos del mundo, que este sábado se dio un buen tute ante Norrie, duro de roer siempre el británico. Ambos se emplearon a fondo durante 2h 46m, con los desajustes y los errores lógicos de un duelo de pretemporada. En cualquier caso, prevaleció la mayor entereza del ganador.
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