María Ángela Olguín, de 16 años, desapareció en Indios Verdes ante cientos de personas y nadie vio nada. Ni el señor que vende chamarras, ni la mujer que despacha aguas de sabores, ni el de la tlapalería; tampoco grabó nada una cámara que hay sobre uno de esos botones de pánico que instaló la Secretaría de Seguridad Ciudadana por toda la capital. “Esa cámara hace tiempo que no sirve”, dice un policía.
Olguín llegó con su madre al paradero de Indios Verdes este jueves, pasadas las 17.00 de la tarde. Habían quedado con su padre para que fuera a buscarlas. Durante la espera, en torno a las 17.20, la madre decidió entrar a un baño público que hay junto a la estación del Metrobús, pero había un poco de fila y tuvo que esperar entre cinco y 10 minutos, cuenta. Su hija se quedó esperándola junto a la puerta metálica, afuera de los baños. Para cuando la mujer salió, sobre las 17.30, la chica había desaparecido. “Mi hija ya no estaba”, cuenta la señora Bustamante a este diario. Lo único que recuerda es que pudo escuchar a su hija gritar: “¡Amá!” y, desde entonces, esos minutos se han convertido en su peor pesadilla. “Estamos desesperados, por favor, ayúdennos”, dice Rocío Bustamante. Jesús Olguín, el padre, dice que en cuanto desapareció marcaron a su número celular, pero ya estaba apagado.
Indios Verdes, al norte de la ciudad, es uno de los lugares más transitados de la capital por su cercanía con el Estado de México. Olguín y su familia son de Ecatepec uno de los municipios más inseguros del país, especialmente para las mujeres. Por esta estación pasan el Metro, el Metrobús, el Cablebús, varias rutas de autobuses y otras tantas de combis o pequeñas furgonetas. Cada día millones de personas toman un transporte o se bajan en Indios Verdes. Alrededor de las líneas se ha creado un mercado improvisado, un inmenso laberinto de lonas y puestos, donde es fácil despistarse si uno no conoce el lugar. Este viernes, más de 24 horas después de su desaparición, familiares, amigos y comerciantes que aceptaron pegar carteles con la cara de la chica se repetían la misma pregunta: “¿Dónde está Ángela?”.
La Fiscalía de la Ciudad de México ha abierto una carpeta de investigación para esclarecer los hechos y está recopilando videos que arrojen luz sobre lo que pasó la tarde del jueves. En una de esas imágenes, captada por una cámara del C5 que grabó desde lejos el lugar, los padres cuentan que se ve cómo un hombre se lleva a su hija. “Se ve que cómo alguien se le acerca y se la lleva. Es un hombre”, dice la madre. “Sale de entre los puestos y se la lleva”, reitera el padre. Para completar la información, las autoridades han solicitado a los comerciantes cercanos a los baños que puedan aportar las grabaciones de sus cámaras. Sin embargo, Olguín se queja de algunos puestos no están colaborando. “Dicen que no tienen imágenes de aquel día, que las cámaras no funcionan y otros han quitado las cámaras que tenían instaladas”, protesta y agrega: “de esas imágenes depende la vida de mi hija”.
Un trabajador de un puesto cercano asegura que la cámara que tiene solo la utiliza para grabar cuando se ausenta del negocio y que solo graba a ratos cuando la activa a través de la aplicación que tiene en el celular, llamada DMSS. “Ya se lo dije a los policías que vinieron esta mañana”, asegura. Las últimas grabaciones que hay en la aplicación son del día de la desaparición, pero corresponden a las 20.00 horas y a las 22.00 horas. Más allá de eso, no hay nada. Su puesto está justo al lado de donde desapareció Ángela. “No vi nada fuera de lo normal, por aquí pasa mucha gente que sale del metrobús”, responde.
Tampoco vio nada la empleada de los baños, aunque la mujer sí reconoce que vio a Ángela esperar afuera a su madre. “Cuando se metió la mamá, ahí estaba la niña, pero ya no si se le acercó alguien porque me pidieron papel y agua y me metí para dentro”, responde la empleada.
La chica vestía un pantalón azul marino, una playera gris con letras azules y unos tenis blancos, en el momento de desaparecer. Llevaba lentes, el pelo recogido y tiene un pendiente en la nariz. Su madre agrega: “también tiene uno en el ombligo, un tatuaje en la mano izquierda de un corazoncito y una cicatriz en la pierna derecha de la mordida de un perro”.
Tras cumplirse 24 horas de la desaparición, la familia Olguín ha vuelto a convocar en redes sociales una manifestación en el lugar donde desapareció la muchacha. Horas más tarde, han bloqueado la carretera México – Pachuca a la altura de La Virgen, provocando retrasos de más de cuatro horas. Sus tres hermanas, sus amigas, familiares y compañeros de la preparatoria han ido llegando poco a poco. En todo momento una veintena de personas, entre policía y elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, han vigilado la manifestación. “¿Qué hacen ahí parados? Muévanse, encuentren a mi hermana”, gritaba encolerizada la hermana mayor, de 21 años.

En las pancartas podían leerse algunos mensajes de apoyo como: “Ni una menos, aquí se la llevaron, aquí la vamos a encontrar” y “Por favor, ayúdanos a encontrar a Ángela Olguín”. En mitad de la indignación y de la rabia, su madre también gritaba desesperada: “Soy una madre enamorada de mis hijas y me falta la mitad de mi corazón, voy a luchar por ella, viva la quiero”, decía rota por el dolor, mientras su hija Elizabeth repetía: “Porque viva se la llevaron, viva la queremos”.
En menos de 24 horas otras dos niñas han desaparecido en la misma alcaldía, la Gustavo A. Madero, Tonatzin Blanco, de 11 años, desaparecida cuando jugaba en la calle con unas amigas y Gabriela Giselle Cabrera, de 14 años. Esta última vestía el uniforme de su escuela. “Me siento impotente porque no puedo hacer más que esto”, dice el padre de Ángela después de cerrar durante horas el tráfico. “Solo las autoridades así nos hacen caso”, señala.
La señora Rocío dice que tiene la esperanza de volver a ver a su hija y le manda un último mensaje por si la está escuchando: “Hija mía, que sepas que todos te buscamos. Lucha, hija mía, lucha como te he enseñado. Haz lo posible por hacerte notar, pide ayuda. Lucha hija. Te amo”.
En México más de 100.000 personas han desaparecido en la última década.
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