Después de varios años de asistir al festival de Coachella, me di cuenta de que más allá de la música y el ambiente, lo que realmente se vende es la imagen y la experiencia de ser parte de la élite. Es puro teatro.
El verdadero atractivo no son los artistas, sino los influencers y famosos que se pasean en sus outfits patrocinados por grandes marcas. El objetivo no es disfrutar de la música, sino tomar la mejor foto para ponerla en Instagram y presumir.
Coachella es el festival donde la moda y la exclusividad se imponen sobre la música y la diversión. Las entradas son costosas, las filas para entrar parecen interminables y el tráfico es una pesadilla, pero ahí estamos, ansiosos por entrar y publicar nuestra experiencia en redes sociales.
El verdadero negocio del festival son los patrocinadores, las marcas que pagan por estar presentes y que tienen a sus influenciadores luciendo sus productos. Coachella se ha convertido en una pasarela en lugar de un espacio para disfrutar de la música y la cultura.
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