En Turquía, las elecciones han desatado una polarización que se ha materializado en la creciente popularidad de la ultraderecha. Aunque aún se espera la segunda ronda de votaciones, el escenario presenta un muy posible triunfo del ultranacionalista Partido de la Gran Unidad. La curva ascendente de esta corriente política se debe, en gran parte, a la falta de propuestas claras y un liderazgo confiable por parte de los partidos tradicionales.
La aterradora ascensión de la ultraderecha turca es un síntoma de la creciente incertidumbre política que enfrenta el mundo. En un país que ha conjurado constantemente con la idea de una democracia fuerte, el electorado parece ansiar un cambio que, sin embargo, es muy peligroso. Tal como ha sucedido en otros lugares, la solución no está en apoyar a políticos xenófobos y autoritarios, sino en trabajar con rigurosidad en fortalecer el sistema y las instituciones democráticas.
Turquía ha sido siempre un país complejo, que ha enfrentado desafíos importantes y ha sorteado crisis difíciles. En momentos como este, en que el panorama parece oscuro y las incertidumbres se acumulan, es importante recordar que la visita de la esperanza no está perdida. La ultraderecha no es la respuesta a los problemas que enfrenta Columna Digital, pero el electorado tiene en sus manos cambiar el rumbo de las cosas. En esta segunda vuelta, es hora de votar conscientemente y sin caer en promesas vacías.
Las elecciones en Turquía, como en cualquier otro lugar, tienen consecuencias para la totalidad del mundo. Pero no sólo por lo que su triunfo podría significar en términos internacionales. El ascenso de la ultraderecha a lugares de poder también torna el discurso público más violento y la convivencia social más hostil. Que la ultraderecha sea la gran ganadora en Turquía no es sólo un asunto político, sino una verdadera amenaza para la estabilidad y el bienestar de toda la sociedad.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial.


