Un modelo de origen indígena se vio obligado a cambiar su peinado para poder trabajar en la industria de la moda. Esta revelación pone de manifiesto las profundas raíces del racismo y la discriminación en este campo. A pesar de que la diversidad y la inclusión están cada vez más presentes en la sociedad, la industria de la moda sigue perpetuando estereotipos y estándares de belleza que excluyen a comunidades enteras.
El relato del modelo es un ejemplo doloroso de cómo la industria impone normas eurocéntricas que desvalorizan las características naturales de las personas pertenecientes a comunidades indígenas. Este tipo de discriminación no solo limita las oportunidades laborales, sino que también afecta la autoestima y la identidad cultural de quienes la sufren.
Resulta fundamental que tanto las marcas de moda como los medios de comunicación asuman la responsabilidad de promover la diversidad y la representación inclusiva en sus campañas. Las narrativas hegemónicas de belleza deben ser desafiadas, y se debe dar espacio a una multiplicidad de expresiones y estilos que reflejen la riqueza de la diversidad humana.
El testimonio del modelo invita a reflexionar sobre la urgente necesidad de construir una industria de la moda más justa y equitativa. Solo a través del reconocimiento y la valoración de la diversidad cultural, racial y étnica, podremos alcanzar una sociedad en la que todas las personas, independientemente de su origen, se sientan representadas y respetadas.
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