El hallazgo de los restos de 14 niños sacrificados en Chichén Itzá, uno de los sitios arqueológicos más importantes de la cultura maya, ha causado gran revuelo en la comunidad científica. Sin embargo, gracias al análisis del ADN, los investigadores han logrado revelar una serie de pistas que ayudan a entender mejor este antiguo ritual.
Los restos fueron hallados en una cueva cerca de la pirámide de Kukulcán y según los expertos, los niños fueron sacrificados entre los años 950 y 1150, durante el periodo clásico tardío de la cultura maya. Diferentes características sugieren que los 14 niños pertenecían a diferentes orígenes, algunos de los signos genéticos apuntan a que algunos venían desde la región de Tabasco, lugar del cual muchos migraron a la región de Yucatán.
El ritual de la ofrecida de corazones a dioses mayas era muy común en la era precolombina. En esta ocasión, los niños fueron elegidos por su belleza física para ofrecerlos a una deidad. Uno de los cuerpos presenta una deformidad en la cabeza que sugiere que podría haberse tratado de un niño sacrificado para agradecer por una victoria militar, algo común en la cultura maya.
Lo interesante de este estudio es que los análisis de ADN han permitido conocer que los niños eran de diferentes lugares geográficos, lo que reflejaba que en este sitio llegaban personas de todo el mundo maya. También se encontró un cuerpo de una niña, que probablemente participó en un ritual relacionado con la fertilidad.
A pesar de que el sacrificio humano es condenado en la sociedad moderna, para la cultura maya, este ritual was algo importante y solemnemente practicado. Los descubrimientos de los científicos permiten guiarse hacia una mejor comprensión de la cultura maya y los rituales que daban sentido a su forma de vida.
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