Un sismo de gran magnitud sacudió la región de Oaxaca, México, provocando un tsunami que azotó la costa del Pacífico. Este fenómeno natural, registrado entre el 18 y el 19 de junio, dejó un saldo de daños materiales y humanos incalculables, así como una profunda huella en la memoria colectiva.
Según los registros más antiguos, el 19 de junio de 1861, el puerto de Oaxaca sufrió uno de los peores terremotos de la historia del país. Se conoce como el terremoto de San Francisco del Mar o el sismo de Sixto. El epicentro se ubicó en alta mar, cerca de la costa de Chiapas, y tuvo una magnitud estimada en 8.2.
El efecto tsunami no se hizo esperar. Olas gigantes barrieron las costas de Oaxaca y Chiapas, llegando incluso hasta las playas de California. Según los informes de la época, la ciudad de Tehuantepec quedó completamente destruida y se contabilizaron miles de muertos y heridos.
En 1932, la costa de Oaxaca volvió a ser golpeada por un terremoto de magnitud 8.2. Aunque el tsunami no fue tan devastador como en 1861, dejó secuelas en la población local, que ya conocía los efectos de este fenómeno natural.
El terremoto y tsunami de 2017 también tuvieron una gran impacto en Oaxaca. El epicentro se ubicó en la costa de Chiapas, con una magnitud de 8.2, y afectó a varios estados del sur de México. Aunque no se registraron daños mayores en las playas de Oaxaca, el sismo dejó un saldo de más de 100 muertos y miles de damnificados en todo el país.
El caso de Oaxaca es un ejemplo de cómo los fenómenos naturales han marcado la historia de México y su cultura. A pesar de los avances tecnológicos y la prevención de desastres, la población sigue enfrentando los embates de la naturaleza, que dejan al descubierto su vulnerabilidad y resiliencia.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


