La detención este domingo de un periodista en Bielorrusia, después de que las autoridades del país forzaran a que el avión en que el que viajaba aterrizase de emergencia en Minsk, ha subido unos grados más la temperatura en las ya calientes y turbulentas relaciones entre la Unión Europea y su vecino del Este. “El comportamiento escandaloso e ilegal del régimen de Bielorrusia tendrá consecuencias”, reaccionó ayer Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, que calificó la operación de “secuestro” de un avión y pidió la liberación del detenido “inmediatamente”.
El vuelo de la compañía irlandesa Ryanair en el que viajaba el disidente bielorruso Roman Protasevich, cuyas publicaciones le han convertido en un objetivo del gobierno de Aleksandr Lukashenko, cubría un trayecto entre Grecia y Lituania, dos países del bloque comunitario; las autoridades de Bielorrusia le ordenaron detenerse y aterrizar cuando sobrevolaba el espacio aéreo de este país.
El debate sobre cómo reaccionar frente a Minsk se ha colado en lo más alto de la agenda de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que comienza este lunes a media tarde en Bruselas, envenenando también otro de los puntos que las capitales ya tenían previsto discutir: las relaciones con Rusia. Josep Borrell, alto representante para la política exterior de la UE ha denunciado el nuevo intento de las autoridades bielorrusas de silenciar las voces de la oposición. “Debe llevarse a cabo una investigación internacional sobre este incidente para determinar cualquier infracción de las normas internacionales de aviación”, ha reclamado Borrell este lunes a través de un comunicado. “Esta situación se planteará en la próxima reunión del Consejo Europeo”, añadió el jefe de la diplomacia. “La UE estudiará las consecuencias de esta acción, incluida la adopción de medidas contra los responsables”.
En la mesa está la opción de tomar medidas tradicionales, como sancionar a personas concretas ligadas al caso. En la actualidad ya hay 88 funcionarios y miembros del régimen de Lukashenko en esa lista, a los que se les ha privado de viajar a través de territorio europeo y congelado todos sus activos financieros en la UE, y otras siete entidades sancionadas, según fuentes comunitarias. La UE también baraja dar algún paso más, como prohibir que los vuelos de la compañía Belavia aterricen en aeropuertos de la UE, tal y como ha reclamado el primer ministro belga, Alexander de Croo. O incluso blindar todo tránsito aéreo con Bielorrusia.
Es previsible que los países bálticos, cuyos dirigentes han reclamado “unidad” en la reacción de la UE (el caso de Kaja Kallas, primera ministra de Estonia) y “una investigación internacional independiente” (Krišjānis Kariņš, primer ministro letón) pidan que el club comunitario vaya aún un poco más allá en su contundencia contra Bielorrusia. “Es un ataque sin precedentes contra la comunidad internacional”, ha sostenido el Gobierno de Lituania, hacia donde se dirigía el vuelo, a través de un durísimo comunicado. “Se trata de un acto de terrorismo de Estado dirigido contra la seguridad de los ciudadanos de la Unión Europea y de otros países, la sociedad civil de Bielorrusia que busca asilo de la persecución del régimen, así como la aviación civil internacional”, prosigue el texto, en el que anuncia que el Ejecutivo de Vilna se pondrá manos a la obra para proponer a los “socios internacionales” el cierre del espacio aéreo de Bielorrusia a los vuelos internacionales.
El periodista y activista, que ha sido detenido junto a su novia y otros cuatro ciudadanos rusos, vivía en el exilio en Lituania desde 2019, donde se le ha concedido asilo político. En este país báltico se encuentra también exiliada la líder opositora Svetlana Tijanóvskaya, que abandonó Bielorrusia tras las elecciones del pasado agosto, cuando se desataron en Columna Digital oleadas de protestas que aún continúan. Desde entonces, la UE ha ido endureciendo su tono contra Minsk y ampliando su lista de sancionados. De hecho, el periodista Roman Protasevich, regresaba a Vilna desde Atenas, adonde había acudido para seguir la visita a Grecia de la disidente Tijanóvskaya.
Desde Bruselas también se ha pronunciado Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, que reclamó la liberación de “todos los pasajeros” del vuelo retenido: “Se trata de un incidente grave y peligroso que requiere una investigación internacional”, aseguró ayer.
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