Lornoy David y Seppe Lodewijckx, dos adolescentes belgas de 19 años, fueron arrestados el 5 de abril de 2025 en el condado de Nakuru, Kenia, por el delito de piratería de vida silvestre. Las autoridades hallaron 5 mil hormigas de la especie Messor cephalotes, originarias del este de África, almacenadas en 2 mil 244 tubos de ensayo con algodón, diseñados para asegurar la supervivencia de los insectos durante meses. La captura fue calificada como “biopiratería” por el Servicio de Vida Salvaje de Kenia (KWS), un concepto que se refiere a la explotación o exportación comercial de plantas, animales y microorganismos sin una compensación justa para el país de origen. Este organismo destacó que la situación evidencia un cambio alarmante en las tendencias del tráfico ilegal.
Además de los jóvenes belgas, las autoridades detuvieron a Dennis Ng’ang’a, ciudadano keniano, y Duh Hung Nguyen, de origen vietnamita, en la ciudad de Nairobi con 400 hormigas adicionales de la misma especie. Se estima que el conjunto de hormigas tiene un valor aproximado de 1 millón de chelines kenianos, equivalente a $7 mil 700 dólares o poco más de 154 mil pesos mexicanos. Sin embargo, el precio depende de la especie y del mercado en el que se comercializan.
Por otro lado, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) advierte sobre las graves implicaciones ambientales de la introducción de especies invasoras, que aunque puede ocurrir de manera natural, en la mayoría de los casos se da por intervención humana. Cuando personas trasladan organismos vivos fuera de su hábitat natural, ya sea dentro de un mismo país o entre diferentes naciones, las consecuencias suelen ser devastadoras para los ecosistemas. Muchas veces, estas acciones se realizan por desconocimiento de los efectos negativos que implican, pero los daños ecológicos derivados de estas introducciones alteran los servicios ambientales esenciales para el bienestar humano. Entre estos servicios se incluyen el acceso al agua, la producción de alimentos y la regulación del clima.
En este contexto, la llegada de especies no nativas a nuevos ecosistemas, como en el caso de las hormigas descubiertas en Kenia, puede generar impactos significativos tanto para la biodiversidad local como para la economía y la salud pública. La biopiratería y el tráfico ilegal de especies continúan siendo un desafío prioritario para las autoridades ambientales de diversos países.
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