El funeral del pontífice argentino está programado para celebrarse el próximo 26 de abril a las 10:00 horas, en la emblemática Plaza de San Pedro. Será presidido por el decano del Colegio Cardenalicio, Giovanni Battista Re, y reunirá a jefes de Estado, líderes religiosos y representantes de instituciones internacionales que acudirán a rendir homenaje a una de las figuras más influyentes de la Iglesia católica en el siglo XXI.
Entre los primeros en confirmar su asistencia destacan el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, y el mandatario francés, Emmanuel Macron. También estarán presentes el rey Felipe y la reina Matilde de Bélgica, el primer ministro británico Keir Starmer, así como altos representantes de Portugal, Suiza, Rumanía y las instituciones europeas. Todos ellos acudirán al Vaticano no solo como líderes, sino como testigos de una figura que trascendió las fronteras de lo religioso para convertirse en una voz moral en tiempos de crisis global.
Por parte de México, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que no asistirá al funeral. En su lugar, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, viajará el próximo viernes al Vaticano como representante oficial del país. La decisión de Sheinbaum de no acudir personalmente ha generado distintas reacciones, aunque desde su administración se ha expresado un profundo respeto por la figura del pontífice.
El Papa Francisco, cuyo pontificado se caracterizó por un enfoque pastoral cercano a la gente, pidió en vida unas exequias sobrias. Tal como dejó estipulado en su testamento, será sepultado en la Basílica de Santa María la Mayor, y no en las criptas del Vaticano, rompiendo con una larga tradición. Esa voluntad final cierra el círculo de una vida que, desde sus orígenes humildes en Buenos Aires hasta su papel como líder global, buscó siempre la coherencia entre palabra y acción.
Este sábado, el mundo despedirá al Papa con la solemnidad que merece su legado, mientras se da paso a un nuevo cónclave que definirá al próximo líder de la Iglesia católica. Pero antes, millones de voces seguirán pasando frente a su féretro, no solo para llorar su partida, sino para agradecerle por haber sido, como muchos lo describen, un constructor de puentes en tiempos de muros.