Para el año 2030, la depresión será la principal causa de discapacidad en el mundo. No es una predicción alarmista, sino una estimación respaldada por la Organización Mundial de la Salud. Y mientras esa sombra crece, cada 40 segundos alguien decide quitarse la vida. Para la autora Valentina Luján, especialista en Ciencias de la Felicidad, el suicidio es la expresión más rotunda de una vida sin sentido, de una felicidad que no encuentra suelo firme.
En su libro Ser feliz es para valientes, Luján propone una ruta sin promesas vacías, pero con un enfoque claro: asumir la felicidad como una responsabilidad personal, como una práctica diaria. “Así como prevenimos enfermedades con chequeos médicos, también deberíamos hacer higiene emocional”, dice. Su propuesta es simple en la forma, pero poderosa en el fondo: la felicidad no es euforia ni perfección, es bienestar construido en medio de lo cotidiano, incluso de la adversidad.
Desmonta mitos: no se trata de estar bien todo el tiempo, ni de sonreír a la fuerza. “El problema es que todos queremos ser felices, pero nadie nos enseñó cómo”, asegura. Por eso su libro es una herramienta, no un discurso. Reúne años de investigación en psicología positiva y los convierte en estrategias mínimas viables: escribir tres cosas por las que estamos agradecidos, mover el cuerpo, respirar con intención, cultivar relaciones que nutren.
“La gratitud no es cursi, es estratégica”, apunta. Según ella, este hábito cambia la neuroquímica del cerebro y ayuda a enfocarse en lo que sí funciona. Lo mismo ocurre con el ejercicio, que, dice, tiene un efecto similar al de los mejores antidepresivos, pero sin receta. Todo parte de reconocer que la valentía a veces se ve pequeña: pedir ayuda, poner límites, empezar de nuevo.
El libro no solo se lee, se vive. Incluye códigos QR con ejercicios, audios, entrevistas y reflexiones guiadas. Y más allá de consejos, es una invitación a diseñar un bienestar propio, personal, a la medida de cada historia.
“Ya fuimos valientes al sobrevivir lo que nos ha tocado vivir”, dice Luján. “Y podemos volver a serlo para construir una vida que valga la pena”. La felicidad, concluye, no es fácil. Pero sí, es posible. Y sí, es para valientes.
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