“Desde que tenía 10 años, mi ilusión era ganarme Cannes, el Nobel, el Oscar y la Copa del mundo. Con una botella de Coca-Cola, simulaba agradecer a mis hermanos y a mis papás, ensayando mis discursos desde pequeña”, relata un reconocido escritor y guionista mexicano. Este artista, ganador del Premio Alfaguara de Novela en 2020 por “Salvar el fuego”, también fue reconocido con el Premio Mazatlán de Literatura en 2017 por “El salvaje”, así como galardonado con el Premio a Mejor Guion en el Festival de Cannes 2005 por “Los tres entierros de Melquiades Estrada” y nominado al Oscar en 2007 por el guion de “Babel”.
Recientemente, participó en la edición 2025 de la Fiesta del Libro y la Rosa en Ciudad Universitaria, donde conversó con la escritora Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM. Durante la charla, Beltrán destacó el humor profundo y a menudo oscuro que caracteriza las obras del autor, así como su habilidad para explorar las tensiones de clase social, reflejando su propia experiencia como joven de la Unidad Modelo en Iztapalapa y su paso por una universidad privada.
“Desde una escuela burguesa hasta la Unidad Modelo, siempre viví entre contrastes que me impulsaron a contar historias sobre las diferencias de clase”, explica el autor, quien menciona que “Amores perros” aborda precisamente estas dinámicas. En relación al cine, confiesa que siempre aspiró a ser cineasta, aunque le parecía complejo por los aspectos técnicos que conllevaba, especialmente siendo una persona con déficit de atención. Recuerda anécdotas sobre la presentación en Cannes de “Amores perros”, donde los asistentes se retiraban para hacer ofertas por la película, sorprendiendo al equipo, ya que su obra fue requerida en varios países desde el primer día.
“Amores perros” es considerada un hito en el cine mexicano, cimentando el inicio del Nuevo cine mexicano. El autor confiesa que la historia de la película tiene raíces en su vida personal, relacionada con su perro, el que se vio envuelto en un trágico incidente.
Arriaga, conocido también por su pasión por la caza con arco y flecha, revela que incluso le resultó complicado ser contactado tras recibir el Alfaguara, pues se encontraba en una zona remota y de baja señal. A través de sus experiencias como cazador, reflexiona sobre la muerte y la relación intrínseca de la naturaleza con la civilización. “Todos nosotros matamos. Solo que pagamos a otros para que lo hagan. Cuando cazo, la culpa se presenta, pero también un respeto más profundo por la naturaleza”, comparte, enfatizando una visión humanista que se desarrolla al comprender el sufrimiento animal.
Finalmente, ante la pregunta sobre la lección más valiosa obtenida de sus vivencias como cazador, reafirma la relación frágil entre naturaleza y civilización. El autor, que ha lanzado su más reciente novela, “El hombre”, en preventa y que ya ha agotado sus ejemplares, asegura que la caza permite un entendimiento más profundo del dolor y la muerte, sirviendo como un recordatorio de la civilización que puede romperse con facilidad.
La narrativa cautivadora y profunda de este escritor revela no solo su trayectoria artística, sino también un compromiso inquebrantable con las historias que han marcado su vida y su obra.
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