El director ejecutivo de la farmacéutica Eli Lilly, Dave Ricks, ha expresado su apoyo a la iniciativa del gobierno de Estados Unidos para incrementar la inversión nacional en la industria manufacturera. Sin embargo, ha mantenido una posición clara al advertir que el uso de aranceles no es la estrategia adecuada para alcanzar este objetivo, ya que podría perjudicar al sector farmacéutico en su conjunto.
En una reciente conferencia telefónica con analistas, tras revelar los resultados financieros correspondientes al primer trimestre de 2025, Ricks destacó que son los mayores incentivos fiscales y la extensión de la Ley de Reducción de Impuestos y Empleo las que constituyen “mejores herramientas” para estimular el crecimiento económico en Estados Unidos. Resaltó que, aunque Eli Lilly apoya los objetivos gubernamentales, los aranceles podrían tener repercusiones negativas para la compañía y la industria farmacéutica en general.
Ricks instó a la administración estadounidense a negociar acuerdos comerciales con socios clave lo más pronto posible, con el fin de “nivelar el campo de juego” para exportadores como Eli Lilly y eliminar lo que él describió como “aranceles nocivos” y barreras de acceso al mercado que no son arancelarias.
La empresa Eli Lilly ha demostrado un fuerte compromiso con la manufactura en Estados Unidos, contabilizando actualmente 10 proyectos para la construcción y expansión de nuevas instalaciones. Desde 2020, ha anunciado más de 50,000 millones de dólares en nuevas inversiones, incluyendo 27,000 millones destinados a la construcción de cuatro fábricas, de las cuales tres se enfocarán en la producción de ingredientes farmacéuticos activos (API).
Ricks también se mostró preocupado ante la posibilidad de que muchos medicamentos genéricos, incluidos aquellos desarrollados por Eli Lilly y otras farmacéuticas, sean fabricados en regiones con única fuente de producción o en países que presentan riesgos geopolíticos. Esta situación podría generar graves problemas en caso de conflictos o interrupciones en la cadena de suministro.
La industria farmacéutica está abierta a colaborar en la solución de este desafío. Sin embargo, según Ricks, la falta de precios viables o incentivos que justifiquen la producción local de estos genéricos es un impedimento significativo. Cuestionó la efectividad de los aranceles en la relocalización de la cadena de suministro, sugiriendo que este tema necesita ser revisado.
Eli Lilly produce medicamentos tanto en Estados Unidos como en el extranjero, con Irlanda como uno de sus principales centros de producción internacional. Hace cuatro años, la compañía reformuló su estrategia, dejándose llevar no solo por la búsqueda de eficiencia en costos, sino también por la necesidad de construir una cadena de suministro más resiliente y adaptable a posibles crisis globales.
Ricks concluyó que, aunque los aranceles podrían influir de manera temporal en Eli Lilly, el problema de fondo radica en las discrepancias fiscales entre los países. Comparó la situación al observar que, cuando Estados Unidos tenía una tasa fiscal del 35%, otros países, como Irlanda, tenían tasas alrededor del 15%, lo cual incentivaba la producción en el extranjero. La solución definitiva, según él, pasa por una reforma fiscal.
En este contexto de incertidumbre respecto a impuestos y relaciones comerciales internacionales, la prioridad de Eli Lilly sigue siendo el desarrollo de nuevos medicamentos que contribuyan a mejorar la salud y el bienestar de la población.
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