El pasado fin de semana, el Centro Nacional de las Artes (Cenart) se convirtió en un espacio significativo para la inclusión y el acceso a las artes. En un entorno libre de barreras sensoriales y sociales, se llevó a cabo una función relajada de la ópera El niño y los sortilegios, una obra del célebre compositor Maurice Ravel que cumple su primer centenario en 2025. Este evento marcó un hito el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), ya que fue la primera vez que una ópera se presentó en este formato adaptado para personas neurodiversas.
La narrativa de la ópera, basada en un libreto de Sidonie-Gabrielle Colette, aborda la frustración de un niño que busca evadir una tarea escolar, lo que lo lleva a una serie de acontecimientos mágicos donde los objetos cobran vida para enseñarle importantes lecciones sobre empatía y respeto. Este enfoque temático se mostró especialmente adecuado para conectar con el público infantil, creando un puente artístico que permite disfrutar de la ópera a nuevos grupos.
Cassandra Zoé Velasco, coordinadora artística del Estudio de Ópera en Bellas Artes, destacó que la elección de esta obra responde a su contenido sobre cambios y control emocional, ideales para los niños. Para garantizar una experiencia adecuada, el elenco de 22 intérpretes se sometió a una capacitación sobre sensibilización a las necesidades de la audiencia, lo que enriqueció aún más la atmósfera inclusiva.
Durante la función, se mantuvieron las luces del público encendidas de manera tenue, se adoptó un aplauso silente y se redujo el aforo, permitiendo libertad de movimiento, un factor crucial para la autorregulación de los niños presentes. Velasco acentuó la importancia de entender que algunos niños pueden necesitar expresarse físicamente durante la presentación, lo que fomenta un ambiente de comprensión hacia la comunidad neurodivergente.
Ignacio González Cano, director de escena, aportó su perspectiva sobre la función relajada, señalando que la esencia de la ópera se presta para un enfoque contemplativo que puede ser disfrutado tanto por niños neurodivergentes como neurotípicos, eliminando la necesidad de estímulos invasivos.
Las proyecciones visuales también jugaron un papel esencial en la experiencia. González Cano enfatizó que su uso buscó conectar con la realidad actual de los niños, generando un ambiente adecuado para explorar temas de culpa y emociones de forma accesible.
Desde el público, las reacciones fueron variadas: algunos niños siguieron la obra sentados, mientras que otros optaron por moverse libremente. Este diálogo entre el espectáculo y la audiencia se convirtió en una experiencia enriquecedora. Las opiniones de los familiares fueron igualmente iluminadoras, destacando la dificultad que enfrentan al asistir a espectáculos convencionales y la importancia de encontrar espacios inclusivos para conectar como familia.
De cara al futuro, se programaron adicionales funciones para escuelas de primaria y secundaria, reafirmando el compromiso del Cenart con la educación y la accesibilidad cultural. Con este enfoque, se invita a la comunidad en general a experimentar y aprender en conjunto, fomentando un aprendizaje colectivo que trasciende las barreras.
La ópera El niño y los sortilegios se presenta en francés con supertitulaje en español y está dirigida a mayores de 8 años, creando una oportunidad única para el disfrute y el aprendizaje. La entrada es libre, con registro previo, lo que subraya el objetivo de abrir las puertas del arte a todos.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


