En 1957, la historieta El Eternauta, concebida por el guionista Héctor Oesterheld y dibujada por Osvaldo Solano López, hizo su debut en la revista semanal Hora Cero. A lo largo de sus 106 entregas, esta obra se ha consolidado como un referente de la narración gráfica, logrando resonar en la cultura argentina debido a su enfoque en la supervivencia humana en un mundo apocalíptico. Recientemente, su adaptación como serie de Netflix, lanzada el 30 de abril de 2025, no solo alcanzó un éxito mundial, sino que también reavivó discusiones históricas y sociales en Argentina.
La trama de El Eternauta está marcada por desafíos aterradores: una nevada mortal, insectos gigantes e invasores extraterrestres que controlan mentalmente a los sobrevivientes. Este entorno de tensión y acción se entrelaza con elementos de la literatura clásica argentina, creando un paralelismo profundo con obras como la de Jorge Luis Borges, a quien Oesterheld cita. La idea de un universo infinito en la historieta refleja el ámbito cíclico presente en la obra de Borges, sugiriendo similitudes con la narrativa presentada en la aclamada serie.
Al abordar el temor al otro, la historia de Oesterheld muestra un giro interesante respecto a Casa tomada de Julio Cortázar. Mientras que en la obra de Cortázar se manifiesta el miedo de las clases altas hacia las clases bajas, El Eternauta presenta una perspectiva diferente, centrándose en la vulnerabilidad de aquellos encerrados en su propio mundo, lo que provoca una reflexión sobre la percepción de las dinámicas sociales.
Además, la relación con la Ciudad de Buenos Aires es innegable. Oesterheld, al ubicar su narrativa en esta metrópoli, contrasta con la visión de Roberto Arlt, quien retrató una ciudad en plena urbanización. El personaje Favalli, un inventor apasionado por la tecnología, puede considerarse un eco de los arlteanos, buscando en su ingenio una forma de controlar el caos que representa la invasión alienígena.
Por otro lado, Oesterheld comparte un legado con Rodolfo Walsh, defensor del periodismo político. Ambos, mediante sus obras, arriesgaron sus vidas para visibilizar realidades que la censura intentaba sofocar. Walsh, con su Carta a las juntas militares de la época, y Oesterheld, desaparecido en 1977 durante una dictadura, comparten destinos trágicos que reflejan el contexto político de Argentina en el momento de creación de El Eternauta.
El valor de esta historieta ha trascendido el tiempo, siendo una alegoría de la solidaridad y la resistencia colectiva frente a la adversidad. En tiempos donde la democracia enfrenta desafíos sin precedentes, la serie ha suscitado un renovado interés en la historia de Oesterheld, evidenciando un flujo creciente de consultas sobre identidad entre las generaciones más jóvenes.
Finalmente, la producción de una serie de ficción de alta calidad en Sudamérica desafía la noción de que historias de catástrofes solo pueden ocurrir en urbes occidentales, mostrando que tales narrativas tienen cabida en cualquier parte del mundo. Este fenómeno, observado en tiempos de crisis cultural y política bajo el gobierno de Javier Milei, confirma la persistencia de la obra de Oesterheld como un testimonio relevante y necesario en el panorama contemporáneo.
Con cada nueva relectura de El Eternauta, su esencia sigue resonando, mostrando que, a pesar de los tiempos oscuros que han marcado su historia, la búsqueda de la salvación colectiva permanece vigente en el imaginario social argentino.
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