La simulación, un fenómeno omnipresente en la política mexicana, se pone de manifiesto a través de las declaraciones de la gobernadora de Baja California, quien se congratula por el escaso servicio estratégico de la visa estadounidense. Es importante recordar que millones de mexicanos, especialmente los bajacalifornianos, no poseen este documento esencial para cruzar la frontera. Sin embargo, lejos de ser un mero trámite, este acceso tiene un peso simbólico significativo.
La gobernadora, lejos de ser una ciudadana común, tiene la responsabilidad de abordar de manera transparente las razones por las que le fue retirada su visa. No hacerlo solo alimenta especulaciones negativas respecto a su figura y a la situación del estado que dirige. En un contexto nacional donde el crimen organizado ha ido ganando terreno, es pertinente reflexionar sobre la creciente incapacidad del estado para garantizar la seguridad y orden en diversas regiones, lo que es una preocupación compartida desde hace más de dos décadas.
Este drama no se limita a una pregunta ideológica; es la realidad de un país que ha visto a sus principales partidos, PRI, PAN y Morena, ceder frente a las dificultades que emanan de una crisis de gobernabilidad. La negación de estas problemáticas solo las exacerba. Si bien la clase política, protegida detrás de muros y escoltas, no experimenta de forma directa las adversidades que enfrenta el ciudadano común, su retórica continúa desconectada de la realidad.
Frente a esto, se menciona la necesidad de cooperación entre México y Estados Unidos, un elemento crucial para mejorar la relación bilateral. La reveladora declaración del expresidente Trump sobre el “miedo a los cárteles” por parte de la presidenta mexicana subraya la urgencia de esta colaboración. México ha mostrado reacias a permitir operativos estadounidenses en su territorio, una postura que debe reconsiderarse a la luz de los desafíos actuales.
La llegada del embajador Ronald Douglas Johnson a México supone una oportunidad para rediseñar la relación diplomática y abordar desde una perspectiva renovada las interacciones entre ambos países. Factores como la inclusión de un Subsecretario para América del Norte en la Secretaría de Relaciones Exteriores son aspectos que podrían reconfigurar la dinámica actual. La política de simulación debe quedar relegada a los ámbitos de ficción, mientras que las decisiones presenten un enfoque pragmático y realista sobre el futuro de México y sus vínculos con su vecino del norte.
Recientes eventos y cambios en la política internacional pueden causar que los elementos discutidos en este análisis sean más pertinentes que nunca, reflejando una realidad en constante evolución.
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