El presidente Donald Trump ha tomado un enfoque audaz hacia el futuro energético de Estados Unidos al firmar el pasado viernes una serie de decretos destinados a revitalizar la producción de energía nuclear civil en el país. Estas medidas incluyen la reducción de los procesos regulatorios para una tecnología que aún despierta controversia, en un momento de creciente interés por esta forma de energía.
A pesar de los altos costos de construcción y la sensibilidad política que rodea a la energía nuclear, especialmente tras los desastres de Fukushima en 2011 y Chernobyl en 1986, Trump sostuvo que estas iniciativas convertirán a Estados Unidos en una potencia importante dentro de esta industria. “Firmamos importantes órdenes ejecutivas que realmente nos convertirán en la verdadera fuerza de esta industria”, declaró ante los medios poco después de la firma de los cuatro decretos en el Despacho Oval.
Con la ambición de cuadruplicar la producción de energía nuclear en los próximos 25 años, Trump busca establecer un “renacimiento” de esta fuente energética. Entre las reformas destacadas, se prevé la construcción de reactores más pequeños, adaptados a las necesidades energéticas de empresas tecnológicas e inteligencia artificial. Además, los decretos proponen que la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos tome decisiones sobre la construcción de nuevos reactores en un plazo de 18 meses, un proceso que el presidente asegura no comprometerá la seguridad: “Lo conseguiremos muy rápido y con mucha seguridad”, prometió. “Es la hora de la energía nuclear y vamos a hacerlo a lo grande”.
Estados Unidos mantiene su estatus como la principal potencia nuclear civil del mundo, con 94 reactores operativos. Sin embargo, la edad media de estas instalaciones es de 42 años, lo que plantea un reto para el país. De hecho, un alto funcionario de la Casa Blanca mencionó que la intención es probar y desplegar nuevos reactores antes de que termine el mandato actual, es decir, antes de enero de 2029.
Desde su asunción en enero, Trump ha declarado una “emergencia energética” con el fin de expandir la extracción de petróleo y gas y revertir las políticas climáticas de su predecesor. Ahora, suma a la energía nuclear como una solución viable para satisfacer la creciente demanda de electricidad, una necesidad que ha sido impulsada por gigantes tecnológicos como Amazon, Microsoft y Google, quienes están buscando alternativas energéticas libres de carbono.
Además, dos compañías energéticas estadounidenses planean reactivar centrales nucleares, incluida la famosa Three Mile Island, donde ocurrió el peor accidente nuclear comercial en la historia del país en 1979. En este contexto, el secretario de Interior, Doug Burgum, subrayó la necesidad de producir suficiente electricidad para competir en el ámbito de la inteligencia artificial con otros países, como China.
En este panorama, se destaca que Estados Unidos importa la mayoría del uranio requerido para su red nuclear, adquiriéndolo de naciones como Canadá, Australia, Rusia, Kazajistán y Uzbekistán. Sin embargo, en 2024 se prohibieron las importaciones de uranio desde Rusia debido a la invasión de Ucrania.
El interés por la energía nuclear ha resurgido en todo el mundo, ya que los países buscan fuentes de energía libres de carbono, especialmente en medio del aumento de precios de la energía por la guerra en Ucrania. Francia y China, por ejemplo, están avanzando en sus programas nucleares con planes de construir nuevos reactores, mientras que Rusia continúa siendo el mayor exportador de plantas nucleares a nivel global.
La información corresponde a la fecha de publicación original (2025-05-23 15:05:00).
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