Cuando se habla de baile, se puede evocar una imagen de movimiento suave y cadencioso que a menudo parece un arte en sí mismo. Este concepto de desplazamiento, donde a veces los bailarines retornan al mismo punto de inicio, invita a reflexionar sobre el progreso en otros ámbitos de la vida, incluyendo el campo financiero. Según la publicación más reciente de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, un 76.5% de los adultos en México cuenta con algún producto financiero, mientras que el acceso a cuentas de ahorro se reduce a un 63%. En lo que respecta a productos de crédito referidos a instituciones formales, solo un 37.3% está en esa categoría, y la contratación de seguros se sitúa en un 22.9%. A pesar de estos avances, una parte significativa de la población sigue en desventaja en comparación con países desarrollados, donde los niveles de acceso a servicios financieros rozan el 98%. Este panorama plantea un desafío continuo para las autoridades gubernamentales.
El sistema financiero mexicano se compone de diversas entidades, cada una con funciones específicas. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) gestiona la supervisión y evaluación del sistema bancario, incluida la banca de desarrollo. Por su parte, el Banco de México tiene el mandato de regular la intermediación y los servicios financieros, mientras que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) se ocupa de la autorización de nuevas entidades y de la supervisión prudencial de las existentes.
Una revisión a los informes anuales de la CNBV sobre el sector financiero revela que, en una ventana de diez años, el número de instituciones ha permanecido relativamente estable o incluso ha disminuido en algunos subsectores. En el ámbito de las instituciones de banca múltiple, se observa un ligero descenso en el número de entidades desde 2014, donde había 45, hasta cerrar 2024 con 51. En contraste, las uniones de crédito han tenido una caída más notable, de 101 a 68 entidades en el mismo periodo. Otras categorías, como almacenes generales de depósito y casas de cambio, también muestran ligeras variaciones en sus cifras, pero el número total de centros cambiarios ha disminuido de 1,566 a 750.
Este panorama ha sido señalado por distintas intervenciones regulatorias, muchas de las cuales fueron llevadas a cabo por la CNBV para proteger a los usuarios. Un caso relevante es la revocación de la autorización a la SOFIPO FICREA en 2014, un proceso que culminó en 2015, cubriendo parte de los depósitos garantizados a través del Fondo de Protección de Obligaciones Garantizadas. Más reciente es la intervención de la CNBV sobre el Consejo de Asistencia al Micro Emprendedor (CAME), resultado de una fusión y que enfrenta dificultades financieras a solo dos años de su creación.
En un contexto internacional complejo, marcado por presiones comerciales y demandas internas, apuntar hacia un sistema financiero robusto y bien integrado se vuelve crucial. Este es un aspecto fundamental para impulsar proyectos como el Plan México, que requieren un sistema financiero no solo sólido, sino también que se adapte y crezca de acuerdo a las necesidades de sus diferentes subsectores.
A medida que se avanza en este panorama financiero, donde el movimiento parece más lento de lo deseado, es vital encontrar nuevas tonadas que lleven a un ritmo más acelerado hacia el progreso financiero, para finalmente convertir los pasos de baile en una danza fluida y armónica que beneficie a todos los mexicanos.
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