Juan Manuel Abal Medina, figura emblemática del peronismo argentino y perseguido durante la dictadura, encontró refugio en México gracias a la protección de gobiernos priistas que duró más de tres décadas. Su historia se remonta a los años setenta, cuando, acosado por la represión militar, se asiló en la embajada mexicana en Buenos Aires junto a otros líderes del justicialismo, incluido el ex presidente Héctor Cámpora.
En 1982, Abal Medina llegó finalmente a México, donde su carrera profesional despegó en un ambiente político turbulento. Su trayectoria lo llevó a interactuar con personalidades clave de la transición política mexicana, dejando un legado que, tras su fallecimiento a los 80 años en Buenos Aires, revela la complejidad de un posible entendimiento entre el PRI y el PRD para desplazar al PAN del poder.
Durante el sexenio de Vicente Fox, Abal Medina lideraba una firma de abogados con presencia en Ciudad de México, Buenos Aires y Madrid, y contaba entre sus clientes al magnate Carlos Slim. Aunque su presencia se había vuelto menos visible en la década anterior, tenía una red de contactos de alto nivel, como evidenció una entrevista concedida a Página 12 tras la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia.
Medios de comunicación en Argentina, incluyendo El Clarín, lo señalaron como un contacto cercano al extinto Cisen y como asesor de destacados priistas como Manlio Fabio Beltrones y el gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel. En 2007, Página 12 describió a Abal Medina como un actor clave en la potencial colaboración entre el PRI y el PRD para derrotar al PAN, entonces en el poder.
En el contexto político de México, hace tres décadas, surgieron denuncias sobre su actividad. Ramiro de la Rosa, un líder priista, reveló a la revista Proceso la presencia de argentinos asesores del Ejército mexicano, un hecho que se atribuyó a la respuesta a la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). De la Rosa identificó a Abal Medina como un punto de contacto con el mando militar, aunque el argentino desestimó la denuncia como un intento de desprestigio.
Tras su llegada a México, Abal Medina trabajó bajo la dirección de Fernando Gutiérrez Barrios, un influyente político que había ocupado diversos cargos en el gobierno mexicano. Juntos, formaron parte de un círculo que se vio profundamente involucrado en las dinámicas políticas del país, aunque también lidiaron con controversias internas del PRI.
En la actualidad, el Sistema Nacional Anticorrupción enfrenta tensiones en su organigrama. Las voces en contra de la votación para la terna de candidatos a la secretaría ejecutiva se multiplican, destacando la oposición hasta de figuras como su presidenta, Vania Pérez Mendoza. La exclusión de candidatos en función de criterios cuestionables y la polémica en torno a la representación de género son parte de un panorama complejo que recuerda las intrincadas relaciones políticas que caracterizaron las décadas de Abal Medina en México.
Este es un fragmento de la confluencia entre la historia y la política contemporánea que invita a reflexionar sobre los vínculos entre Argentina y México, así como sobre las constantes luchas de poder en el ámbito político de la región.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


