El pasado 27 de junio de 2025, un trágico accidente ocurrió durante la danza ritual de los Voladores de Papantla en la comunidad de El Águila, situada en el municipio de Tihuatlán, Veracruz. Tras una caída desde una altura de más de 10 metros, cinco integrantes del grupo resultaron heridos mientras realizaban este tradicional evento en el marco de las festividades en honor al Sagrado Corazón de Jesús, justo frente a la iglesia que lleva el mismo nombre.
De acuerdo con las imágenes que han circulado en redes sociales, el grupo había comenzado su característico descenso en espiral cuando el poste de madera, que los sostenía, comenzó a inclinarse de manera alarmante, lo que llevó a su colapso total. La caída no solo sorprendió a los voladores, sino que provocó momentos de pánico entre la multitud que se había congregado bajo una lona para disfrutar de la ceremonia.
Los esfuerzos de los presentes fueron inmediatos; los testigos y pobladores se apresuraron a brindar asistencia a los heridos. Poco después del incidente, la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, comunicó a través de su cuenta en X (anteriormente Twitter) que cuatro de los danzantes habían sufrido fracturas y contusiones, aunque se encontraban estables en un hospital de Poza Rica. Un quinto volador requería atención más especializada y fue trasladado al puerto de Veracruz.
La situación ha suscitado críticas en redes sociales, donde usuarios han señalado una aparente falta de protocolos de seguridad por parte de los organizadores, cuestionando además la responsabilidad de las autoridades municipales al respecto. Hasta el momento, no ha habido una declaración oficial sobre posibles sanciones o investigaciones relacionadas con el accidente.
La Danza de los Voladores de Papantla es una ceremonia ancestral reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Esta práctica, originaria del Totonacapan, implica que los danzantes suban un poste de hasta 30 metros de altura y desciendan girando, sujetos solo por cuerdas atadas a uno de sus tobillos.
Dada la naturaleza peligrosa de esta ceremonia, la comunidad y los organizadores deben reflexionar sobre la necesidad de establecer medidas de seguridad adecuadas para garantizar la integridad de los participantes y el público.
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