Durante el primer trimestre de este año, las exportaciones de los estados de la región del Bajío han experimentado un inesperado descenso, siendo Guanajuato el más afectado con una contracción anual de 15.9%, alcanzando un total de 7,521 millones de dólares en ventas al exterior. Este descenso ha empujado a la entidad desde el quinto hasta el séptimo lugar en el ranking de exportaciones nacionales, ahora superada por Tamaulipas y Jalisco, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
El sector que domina las exportaciones en Guanajuato es el de fabricación de equipo de transporte, que reportó 5,094 millones de dólares, pero también sufrió una contracción significativa del 20.6%. Este tipo de reducción en los niveles de exportación se traduce en menos pedidos para los fabricantes locales de autopartes, una menor demanda de servicios logísticos e industriales, y potenciales ajustes temporales en la producción, incluyendo paros técnicos, según el experto Héctor Magaña.
Aguascalientes sufrió la mayor caída en exportaciones dentro del Bajío, con un descenso del 16.9% y un total de 3,252 millones de dólares en ventas al exterior. Aunque esta entidad ocupa la posición 13 en volumen de exportación, su desempeño es igualmente preocupante, especialmente en el sector automotriz, al igual que Guanajuato. La dependencia de ambos estados del sector automotor implica que cualquier contracción en esta industria puede tener repercusiones graves en la recaudación estatal, el ingreso de las familias que dependen del sector manufacturero y el clima de inversión en la región.
Por su parte, San Luis Potosí reportó una caída del 0.8%, mientras que Querétaro experimentó un descenso del 10.7%, con ambos estados igualmente afectados por el retroceso en el sector automotriz que constituye su principal fuente de exportación. Éstos, al igual que Guanajuato y Aguascalientes, son parte de una estructura industrial que, de acuerdo con Magaña, sigue siendo fundamental para el país, lo que sugiere que una contracción prolongada en este sector podría comprometer el dinamismo manufacturero y afectar la balanza comercial del país, que históricamente ha dependido de superávits sustanciales generados por esta industria.
En contraste, a nivel nacional, las exportaciones han crecido un 3.6% anual, alcanzando un total de 133,625 millones de dólares en los primeros tres meses del año. Sin embargo, el desempeño ha sido mixto; mientras que los seis principales estados exportadores han mostrado incrementos, 15 entidades, casi la mitad del total, no han tenido resultados igualmente favorables. Chihuahua alcanzó el mayor crecimiento con un aumento del 27.5% en sus exportaciones, que llegaron a 21,320 millones de dólares, a pesar de la contracción en su sector automotriz. Este incremento se debe en gran parte a un auge en la fabricación de equipo de computación, comunicación y electrónicos, que representa más de la mitad de sus exportaciones y creció un 77.7% anual.
Detrás de Chihuahua, Coahuila se posicionó con un crecimiento del 2.2%, seguido de Nuevo León con un 1.6%, Baja California con un 9.4%, Tamaulipas con un 0.9% y Jalisco con un significativo 25%. Estos estados han demostrado que es posible contrarrestar la contracción automotriz con fortalezas en otros sectores.
Ante este panorama, se perfila la necesidad urgente para armadoras y proveedores en México de diversificar sus mercados de exportación, no solo para reducir la dependencia de Estados Unidos, sino también para mitigar el impacto de fluctuaciones en el sector automotriz que podría comprometer el futuro económico de muchas regiones. La situación de las exportaciones en el Bajío sirve como un recordatorio de la vulnerabilidad de las economías regionales frente a la dinámica cambiable del comercio internacional, invitando a un análisis más profundo y una respuesta estratégica robusta ante posibles desafíos futuros.
Estos datos son actualizados hasta la reciente publicación en 2025, pero reflejan una tendencia que podría continuar en el futuro. Es imperativo que tanto los gobiernos estatales como las industrias involucradas evalúen y ajusten sus estrategias para garantizar la resiliencia en un entorno económico cada vez más incierto.
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