El gobierno de México establece una ambiciosa meta: reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas para el año 2030. Esta propuesta, considerada no imposible, fue respaldada por Jorge Mario Martínez Piba, director de la oficina de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en México, quien destaca la importancia del bienestar de los trabajadores y la competitividad empresarial.
Martínez Piba subraya que el diálogo social entre el sector privado, sindicatos, organismos internacionales y la academia es crucial para construir esta propuesta. La gradualidad del proceso permitirá abordar los desafíos que conlleva, esperando que, al igual que en otras economías, esta transición no genere efectos negativos.
Desde un enfoque práctico, el director de la CEPAL señala que no es suficiente con acortar las horas de trabajo. Es vital implementar medidas complementarias, como el acceso a crédito y mayor flexibilidad en los horarios laborales, lo que facilitaría la adaptación de todas las partes involucradas.
La iniciativa también se centra en la inclusión social, sugiriendo que la reducción de la jornada podría liberar tiempo para que los hombres asuman más responsabilidades en el hogar, mejorando así el equilibrio entre géneros en las labores de cuidado.
En cuanto a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), se enfatiza la necesidad de políticas diferenciadas. Estas empresas, que son fundamentales para la economía mexicana, requieren un enfoque gradual que considere su tamaño y sector. Martínez Piba sugiere que se desarrollen incentivos, como créditos y apoyo fiscal, que faciliten a las mipymes experimentar con esta reducción de jornada sin perder competitividad.
La propuesta de reducción de horas no solo busca aumentar el bienestar de los trabajadores, sino también fortalecer la capacidad de las empresas para adaptarse y crecer en un entorno cambiante. Esta estrategia, que combina diálogo social y gradualidad, podría posicionar a México en una senda favorable hacia un equilibrio laboral más sostenible.
En resumen, el éxito de esta iniciativa dependerá de la colaboración entre diferentes sectores y la implementación de políticas adecuadas que respeten los tiempos y necesidades de cada empresa. Mientras tanto, el tiempo parece estar del lado de México, que tiene hasta 2030 para alcanzar esta meta.
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