La reciente implementación de un impuesto a las remesas enviadas desde Estados Unidos está generando preocupación en varios países, especialmente en México, que se perfila como el más afectado. A pesar de que la tasa gravable es reducida, del 1%, expertos del think tank Center for Global Development advierten que el impacto será significativo. Se estima que la aplicación de este impuesto podría disminuir las transferencias formales en aproximadamente 1,500 millones de dólares anuales.
El impacto en México se puede explicar por el volumen de mexicanos que residen en Estados Unidos y que han estado enviando remesas a sus familias en el país durante más de dos décadas. Según una investigación anterior, cada aumento del 1% en los costos de envío reduce los montos transferidos en cerca del 1.6%. Esto sugiere que, aunque el impuesto sea bajo, podría desincentivar gradualmente la práctica de enviar dinero a través de canales formales.
México no es el único país en juego. India, China y Vietnam también sufrirán alteraciones significativas en sus flujos de remesas. Rusia, Guatemala, República Dominicana y El Salvador también sentirán el impacto, aunque en menor medida. En particular, los hogares de El Salvador y Honduras se verán afectados en proporción a su PIB. Se prevé que El Salvador afrontará una reducción del 0.6% de su PIB debido a esta tributación, mientras que Honduras podría experimentar una caída del 0.5%. En contraste, para México, el impacto se estima en un 0.1%.
En cuanto a la recaudación, el impuesto original aprobado por la Cámara de Representantes contemplaba un 3.5% sobre los envíos, generando la expectativa de recaudar 26,000 millones de dólares en una década. Sin embargo, tras negociaciones en el Senado, la tasa fue ajustada a 1%. Esta modificación sigue beneficiando a los emisores, aunque las proyecciones de rentabilidad han cambiado, disminuyendo de 10,000 millones a aproximadamente 4,600 millones de dólares, considerando la reducción anticipada en las remesas.
Este nuevo panorama plantea desafíos económicos importantes, especialmente para aquellos países en los que las remesas constituyen un porcentaje considerable del PIB, como es el caso de El Salvador, donde representan un notable 24.1% de la riqueza nacional.
El futuro de los flujos de remesas en América Latina y su impacto en la economía familiar es un tema crítico que merece atención, ya que podría redefinir la estabilidad económica de millones que dependen de esos ingresos vitales.
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