En un mundo donde la arqueología y la gastronomía raramente convergen, un cervecero aficionado ha logrado establecer una conexión fascinante con la cultura del Antiguo Egipto. Lo ha hecho desde su hogar en Millcreek, Utah, sin necesidad de grandes recursos, simplemente adoquinando el camino hacia la historia a través de la elaboración de cerveza.
Dylan McDonnell, un apasionado de la historia y entendido en estudios de Oriente Medio, ha reproducido lo que él considera una auténtica versión de la cerveza que pudo haber acompañado a los antiguos egipcios hace 3.000 años. Utilizando una cepa de levadura recuperada de cerámica descubierta en Israel y una receta inspirada en el Papiro Ebers, un antiguo documento médico egipcio de más de 3.500 años, ha creado un elixir que revela el pasado.
La idea nació durante los confinamientos provocados por la pandemia, cuando muchos se dieron a la tarea de hornear pan. McDonnell se inspiró en un físico que había logrado fermentar pan utilizando levadura de hace 4.500 años. Así, surgió la pregunta: “¿Se podría hacer lo mismo con cerveza?”. Tres años de investigación y contacto con arqueólogos fueron necesarios para materializar esta idea. Uno de los retos más grandes fue obtener los ingredientes mencionados en los textos egipcios, que son raros hoy en día. McDonnell estudió alrededor de 75 recetas del Papiro de Ebers y seleccionó los ocho ingredientes más mencionados, como dátiles de desierto y miel de Sidr, que resultaron complicados de conseguir en su localidad.
La recreación no consistió simplemente en mezclar ingredientes exóticos. McDonnell cultivó cebada púrpura egipcia y malteó trigo emmer, replicando métodos antiguos. Todo el proceso se realizó con un sistema casero de tres depósitos, experiencia adquirida a través de años de experimentación.
La levadura fue clave en su proyecto, obtenida de Primer’s Yeast, una empresa que colabora con arqueólogos para recuperar cepas antiguas. La cepa utilizada, PTS900BCE, se remonta a una vasija en Tel es-Safi, datada en aproximadamente 2.874 años. Esta levadura, capaz de permanecer inactiva durante milenios y luego ser rehidratada, reactivó una tradición que se remonta hasta los días de Ramsés II.
¿Cómo sabe realmente una cerveza faraónica? McDonnell la describe como una bebida sin lúpulo, con notas florales y un dulzor afrutado que recuerda al albaricoque, además de una acidez refrescante. Con un perfil que se asemeja a una “gose”, la variedad alemana de cerveza, se presenta como un vino de frutas o sidra ligera. Una cata por un maestro cervecero destacó su complejidad y su matiz ritual, no diseñada para emborracharse, sino para ser saboreada.
Aunque McDonnell no tiene planes de comercializar su creación y la cepa de levadura única fue destruida tras su uso, el experimento representa más que un simple producto; simboliza un puente entre la ciencia moderna y las prácticas milenarias. Al consumir esta bebida, se revive una tradición que servía no solo como alimento, sino también en rituales y celebraciones comunitarias de aquellos tiempos.
En un momento, McDonnell reflexionó mientras elaboraba la cerveza, recordando que hace 3.000 años, alguien pudo haber estado realizando el mismo proceso con la misma receta. Esta conexión con el pasado, aunque efímera, es la esencia del viaje que emprendió y que ofrece una perspectiva continua sobre nuestra historia compartida.
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