En un acto que ha despertado una mezcla de admiración y escepticismo, la presidenta Sheinbaum se presentó en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) el 1º de julio para recibir un nuevo avión Embraer destinado a ser operado por la empresa estatal Mexicana de Aviación. Este evento fue presentado no solo como un simple acto de entrega, sino como un hito significativo en la historia reciente del país, evocando incluso visiones de soberanía nacional.
Durante su discurso, la presidenta destacó la importancia de la aviación en la logística nacional y la comunicación entre las personas, enfatizando que la recuperación de Mexicana de Aviación no es solo un objetivo ideológico, sino una decisión estratégica que busca el “bienestar colectivo”. Señaló que, a diferencia de las aerolíneas privadas, cuyo fin último es la rentabilidad, la nueva Mexicana de Aviación tiene un objetivo revolucionario: servir a la gente. “Tienes derecho a volar”, afirmó, lo que generó un eco de incredulidad y sarcasmo entre algunos críticos.
La visión política expuesta revela una fuerte ideología estatista en la que el gobierno se considera no solo capaz, sino responsable de ofrecer bienes que, tradicionalmente, son gestionados por el sector privado. Se define el transporte aéreo, un bien claramente privado por su naturaleza de exclusión y rivalidad en el consumo, como fundamental para el desarrollo del país. La exclusión implica que solo aquellos que paguen por un boleto puedan disfrutar del servicio, y la rivalidad establece que, al ocupar un asiento en el avión, no puede ser utilizado por otro pasajero.
Sin embargo, cabe mencionar que esta propuesta se sitúa dentro de un discurso más amplio que frecuentemente promueve la idea de que el gobierno puede maximizar el bienestar colectivo. Esto, sin considerar que las verdaderas preferencias de los ciudadanos son diversas y complejas, lo que desafía el supuesto de que el gobernante puede representar adecuadamente el interés social. La historia del sector paraestatal en México ha sido, en la mayoría de los casos, un ejemplo de ineficiencia, con una marcada tendencia a generar déficit fiscal y a restar valor al bienestar general de la población.
El caso de Mexicana de Aviación se inserta en esta narrativa de transformación estatal. Con un enfoque en la intervención del gobierno en la economía, se ignoran las consecuencias de operar empresas que deberían ajustarse a principios de eficiencia y competitividad. La historia reciente sugiere que, sin una reformulación profunda y eficaz de estas políticas, este nuevo intento probablemente no será la excepción sino la continuación de un patrón que ha costado recursos y calidad de vida a los ciudadanos.
Al tomar la decisión de volver a poner en marcha Mexicana de Aviación, las autoridades no solo desafían la lógica económica, sino que abren una discusión sobre el rol del estado en la economía y su capacidad para gestionar empresas privadas. Esta cuestión subyacente resuena más allá de la aviación, planteando interrogantes sobre el futuro del sector público en una economía que clama por una mayor eficiencia y rendición de cuentas.
La región enfrenta un momento crítico para evaluar las acciones que se toman hoy en día, las cuales podrían dar forma a la realidad económica de mañana. Esto, en un contexto donde la historia ha enseñado la importancia de hábitos administrativos sólidos y la necesidad de aprender de las experiencias pasadas.
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