Cozumel en la Encrucijada: La Controversia del Cuarto Muelle de Cruceros
En una reciente visita a Quintana Roo, Alicia Bárcena Ibarra, actual titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), abordó el polémico proyecto del cuarto muelle de cruceros en Cozumel. Su declaración dejó claro que, dependiendo de los resultados legales, este ambicioso proyecto podría acarrear “más problemas que soluciones”.
Bárcena Ibarra hizo énfasis en que, de ser necesaria su reubicación, esta debería llevarse a cabo en otro punto del país, y no en Cozumel. Su análisis se fundamenta en que varios elementos cruciales no se tomaron suficientemente en cuenta en la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), que fue autorizada entre 2021 y 2022. Esta autorización está siendo objeto de revisión debido a denuncias de activistas que sugieren la existencia de información falsificada, presentada con el fin de minimizar el impacto del proyecto sobre el delicado arrecife de coral Vilablanca.
La titular de Semarnat no descartó la posibilidad de revocar la autorización ambiental ya concedida, bajo ciertas condiciones. Este proceso podría verse respaldado por un estudio técnico que el Colectivo Ciudadano Isla Cozumel está a punto de concluir. Según Adrián Villegas, oceanólogo y miembro del colectivo, este estudio revelará evidencias de que la MIA autorizada contiene datos erróneos sobre la flora y fauna en la zona impactada, una información clave para entender la vulnerabilidad del arrecife, que actúa como un colector de recursos genéticos y forma parte del Parque Nacional Arrecifes de Cozumel, una zona protegida.
El cuarto muelle, que se integra en un conjunto de 39 iniciativas del Acuerdo para la Reactivación Económica, abarca un área de 2,354 hectáreas. Su diseño incluye un muelle en forma de “L”, sustentado por 774 pilotes de acero, con la capacidad de recibir embarcaciones de grandes dimensiones. Además, se prevé la construcción de un edificio de dos niveles para el abordaje de pasajeros y un área comercial que ofrecerá diversos servicios.
El próximo paso es crucial: la revisión y evaluación de todas las pruebas que podrían determinar el futuro del proyecto. La reunión de voces disidentes, respaldadas por estudios científicos y evidencia ciudadana, podría convertirse en un factor decisivo. Con el arrecife de coral y el ecosistema marino de Cozumel en juego, la comunidad espera respuestas que garanticen la protección de sus recursos naturales, un legado invaluable que trasciende lo económico y toca el corazón de la identidad local.
Este escenario se desarrolla en un contexto donde el equilibrio entre desarrollo económico y conservación ambiental es cada vez más apremiante. La resolución de esta controversia no solo impactará a Cozumel, sino que sentará un precedente sobre cómo se manejan los proyectos de gran envergadura en zonas ecológicamente sensibles en México.
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