A pesar de que Claudia Sheinbaum no asistió a la última cumbre de los BRICS, los temas tratados en el evento resonaron en el Palacio Nacional. Uno de los puntos destacados fue la discusión sobre la posible decisión de Donald Trump de recortar los fondos estadounidenses destinados a la OEA (Organización de Estados Americanos). Este recorte significaría la reducción de un presupuesto esencial, ya que actualmente, Estados Unidos aporta aproximadamente el 50% del total de recursos de la OEA, lo que podría abrirle las puertas a un fortalecimiento chino en la región.
Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha centrado mucho de su enfoque en problemas internos como la migración y la seguridad, relegando a América Latina a un segundo plano en su política exterior. Este cambio de enfoque podría empezar a tener consecuencias inmediatas para la dinámica regional, alertando a varios países que observan con preocupación esta tendencia.
El posible recorte de financiamiento a la OEA podría dejar un vacío que China estaría dispuesto a ocupar. En el horizonte se vislumbra que naciones como Colombia, bajo la presidencia de Gustavo Petro, podrían considerar unirse a los BRICS, especialmente en un contexto donde la relación entre Petro y Trump ha estado marcada por tensiones significativas, incluso amenazando la diplomacia bilateral.
Además, Trump ha expresado su postura enérgica: cualquier país alineado con políticas antiestadounidenses de los BRICS podría enfrentar un arancel adicional del 10%. Esta advertencia subraya la creciente polarización entre Estados Unidos y China, y el impacto que estas decisiones pueden tener en la región latinoamericana.
En el epicentro de estos movimientos está Christopher Landau, el vicecanciller de Estados Unidos, quien juega un papel crucial en la dirección futura de las relaciones entre EE. UU. y América Latina. Su relación con la OEA y su enfoque hacia países como Venezuela son focales para las estrategias de política exterior de Washington.
Un punto crítico a tener en cuenta son las fechas clave: septiembre y octubre. En septiembre, Washington debe confirmar la asignación de fondos para que la OEA opere adecuadamente el siguiente año, y en octubre se definirán los detalles presupuestarios. Estos plazos no solo son importantes para el organismo, sino que también son objeto de atención por parte de quienes buscan influir en el equilibrio de poder en la región.
La información aquí presentada, que data de 2025, destaca la naturaleza cambiante de la política regional y los nuevos desafíos que pueden estar en el horizonte, de modo que tanto los titulares políticos como los países involucrados deberán estar alerta a estos desarrollos significativos.
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