En la noche de enero de 2025, un evento inesperado captó la atención de los astrónomos de todo el mundo. Un destello fugaz de rayos X procedente de una distante región del cosmos, a 2.800 millones de años luz, activó las alarmas de la comunidad científica. Este destello, catalogado como EP 250108a, no solo era inusualmente intenso y breve, sino que marcó el inicio de una investigación que arrojaría luz sobre una nueva forma de muerte estelar.
¿Qué son los Transitorios Rápidos de Rayos X (FXT)?
Los FXT son fenómenos breves y potentes de rayos X cuya naturaleza ha desconcertado a los astrónomos durante décadas. Aunque se descubrieron hace ya algún tiempo, su origen seguía siendo un misterio debido a su corta duración y la dificultad para detectarlos. Fue el satélite Einstein Probe, lanzado en 2024, el que permitió una observación sin precedentes de estos eventos transitorios, captando sus destellos con gran sensibilidad.
El fenómeno de EP 250108a fue especial por dos razones: primero, fue el FXT más cercano jamás detectado, y segundo, su señal fue seguida por la aparición de una supernova visible, llamada SN 2025kg, lo que ofreció una rara oportunidad de observar la relación directa entre un FXT y una supernova. Esta conexión es crucial, ya que nunca antes se había documentado un evento así con tanto detalle.
Una Muerte Estelar “Fallida”
A diferencia de las explosiones más violentas de supernovas asociadas a estallidos de rayos gamma (GRB), en el caso de EP 250108a los chorros de partículas producidos por la explosión quedaron atrapados dentro de la estrella en lugar de escapar hacia el espacio. Este fenómeno se describió como una “explosión impulsada por chorros atrapados”, lo que sugiere que la estrella no liberó toda su energía de manera tradicional. En lugar de la emisión de rayos gamma, característicos de una explosión estelar completa, la explosión resultó en una intensa emisión de rayos X.
Según los investigadores, el evento tuvo una energía total menor a 1051 erg, lo que indica que la explosión fue de baja energía y menos “ruidosa” que los estallidos típicos observados en otros fenómenos astrofísicos. Este hallazgo sugiere que no todas las estrellas masivas que explotan liberan toda su energía al exterior, abriendo la puerta a una nueva clase de muerte estelar menos espectacular, pero igualmente significativa.
La Crucial Ayuda de Telescopios Terrestres y el JWST
Una vez detectado el FXT, se puso en marcha una campaña internacional de observación. Telescopios como el Gemini North y South, el SOAR en Chile, y el James Webb Space Telescope (JWST) siguieron de cerca la evolución del evento. Las observaciones iniciales mostraron que el objeto se estaba enfriando rápidamente, lo que coincidía con la aparición de la supernova SN 2025kg. A medida que avanzaba la observación, se descubrió una emisión anómala de hidrógeno en la supernova, algo poco común en este tipo de explosiones y que podría deberse a la interacción con material rico en hidrógeno circundante.
La Estrella Progenitora: Un Gigante que No Llegó a Explosionar Completamente
La estrella que originó este evento tenía entre 15 y 30 veces la masa del Sol, un tamaño típico para las estrellas que terminan su vida como supernovas de tipo Ic-BL. Las observaciones infrarrojas del JWST también detectaron trazos sutiles de helio, un hallazgo poco frecuente en este tipo de supernovas, lo que sugiere que la estrella progenitora había perdido la mayor parte de su envoltura exterior antes de su colapso.
Implicaciones del Descubrimiento: Una Nueva Comprensión de las Muertes Estelares
Este descubrimiento cambia nuestra comprensión sobre el final de vida de las estrellas masivas. Los datos recogidos sugieren que los FXT podrían estar vinculados a una forma “fallida” de supernova, en la que los chorros de partículas no logran escapar, y podrían ser mucho más comunes de lo que se pensaba.
El hecho de que este tipo de eventos con chorros atrapados sea tan frecuente abre nuevas preguntas sobre el proceso de muerte de las estrellas, indicando que muchos de los fenómenos observados en el pasado podrían haber sido FXT mal identificados debido a la falta de instrumentos capaces de detectar estos eventos de baja energía.
Como concluyen los investigadores, “nuestros datos de amplio espectro son consistentes con una explosión impulsada por un chorro atrapado o de baja energía”. Esto no solo amplía el conocimiento de cómo mueren las estrellas, sino que subraya la importancia de misiones como el Einstein Probe y el futuro Observatorio Vera Rubin, que continuarán descubriendo y analizando estos eventos astrofísicos con gran precisión.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


