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La productividad española ha sido un foco de atención durante décadas, señalada repetidamente por la OCDE. En un contexto donde se asocia la productividad baja a la economía española, es crucial revisar los informes recientes que matizan esta percepción. A pesar de que a nivel global la productividad presenta un crecimiento discreto, las empresas con plantillas entre 10 y 250 empleados sobresalen, superando las cifras promedio de sus pares en la OCDE. Esto presenta un panorama más matizado, ya que el tejido empresarial español está predominantemente compuesto por pequeñas y medianas empresas (pymes) de menos de 10 empleados, representando un 95,1% del total.
El último informe de la OCDE sobre productividad, publicado en 2024, revela un crecimiento medio de la productividad en España del 0,5% anual, notablemente inferior al 1,2% de la media en la OCDE. Esto posiciona al país claramente por debajo de sus socios más desarrollados. Sin embargo, un análisis de la Fundación BBVA sugiere que la productividad total de los factores (PTF), que integra la productividad del trabajo y del capital, muestra un crecimiento interanual del 0,9%, consolidando a España como el segundo país con mayor crecimiento de productividad en las últimas dos décadas.
El estudio de la OCDE resalta la disparidad entre las empresas: mientras que las medianas superan la media de la UE y son más productivas que otras de tamaño similar a nivel internacional, las microempresas son significativamente menos productivas, generando un valor añadido de 56,990 dólares por trabajador, en comparación con 108,356 dólares de las grandes empresas. Esta diferencia del 90% en productividad se convierte en un lastre significativo para las expectativas nacionales.
Las microempresas, hoy por hoy, desempeñan un papel central en la economía española, limitando las oportunidades de mejora en productividad e inversión. El diagnostico de la OCDE sobre estas pequeñas entidades indica que su reducción numérica podría frenar el impulso de la productividad. Se estima que su rendimiento es un 15,3% inferior al promedio de la OCDE, lo cual impacta en la media del país.
El análisis también concluye que solo un reducido porcentaje de empresas en España, el 4,9%, se sitúa por encima de la media de la OCDE, indicando que existe un considerable potencial de mejora en la competitividad internacional. Para abordar estas cuestiones, la OCDE propone como solución el fomento del tamaño de las empresas y una inversión continuada en innovación, tecnología y capital humano, elementos que son esenciales para incrementar el valor añadido por empleado.
No obstante, a día de hoy, España presenta un déficit significativo en inversión en maquinaria, activos tecnológicos y en investigación y desarrollo (I+D). Varios informes, incluyendo uno reciente del Banco de España, destacan la inversión productiva como un motor esencial para el crecimiento empresarial. Esta inversión ha sido incapaz de alcanzar los niveles que se registraban antes de la pandemia, mientras que la inversión pública en áreas relacionadas ha empezado a reponerse y a crecer con buena salud.
Mientras se observa un paisaje de oportunidades para fomentar la productividad en las medianas y grandes empresas, el verdadero reto radica en transformar el ecosistema de microempresas que, aunque numerosas, continúan siendo un factor de estancamiento.
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